Receta 2: limpiador sencillo de miel y agua
La miel se utiliza tradicionalmente en diferentes rutinas de cuidado de la piel. Para una preparación sencilla, puede combinarse con una pequeña cantidad de agua.
Ingredientes
– 1 cucharadita de miel pura.
– Unas gotas de agua tibia.
Preparación
Mezcla la miel con unas gotas de agua hasta conseguir una textura más fácil de extender. Aplica una cantidad pequeña sobre el rostro húmedo y distribúyela suavemente, evitando el contorno de los ojos.
Después de unos segundos, enjuaga cuidadosamente con agua tibia.
Importante
La miel puede no ser adecuada para todas las personas. Si tienes alergia a productos apícolas, piel muy reactiva o antecedentes de dermatitis por contacto, es mejor evitarla.
Además, este tipo de preparación no sustituye necesariamente a un limpiador formulado para retirar protector solar resistente al agua o maquillaje.
Receta 3: limpiador de yogur natural
El yogur natural sin azúcar puede utilizarse como una preparación ocasional, aunque no es imprescindible para mantener una buena higiene facial.
Ingredientes
– 1 cucharada de yogur natural sin azúcar.
Preparación
Con el rostro previamente humedecido, aplica una capa muy fina. Déjala actuar durante un periodo breve y después enjuaga abundantemente con agua.
No necesitas dejarlo durante mucho tiempo ni frotar la piel al retirarlo.
Precaución
Los productos lácteos pueden causar irritación en algunas personas. Si notas picor, ardor, enrojecimiento o molestias, retíralo inmediatamente y no vuelvas a utilizarlo.
¿Qué ingredientes naturales conviene evitar?
Uno de los errores más frecuentes al preparar cosméticos caseros es pensar que cualquier ingrediente de la cocina es apropiado para el rostro.
Es mejor evitar recetas que incluyan ingredientes agresivos o muy irritantes, especialmente:
– Limón o jugo de cítricos directamente sobre la piel.
– Bicarbonato de sodio.
– Vinagre sin diluir.
– Alcohol.
– Pasta dental.
– Azúcar o sal utilizados como exfoliantes fuertes.
– Aceites esenciales aplicados directamente.
– Mezclas con demasiados ingredientes.
El hecho de que un producto sea comestible no significa que sea apropiado para la piel. La piel tiene un equilibrio delicado y los productos diseñados específicamente para uso cosmético suelen estar formulados teniendo en cuenta el pH, la estabilidad, la conservación y la tolerancia cutánea.