Pero también hubo momentos de fortaleza:
una mano en el hombro, un gesto de aliento,
la silenciosa comprensión de que ninguno de nosotros está solo en esta lucha.
Hora tras hora, seguimos adelante.
No solo por sentido del deber,
sino por humanidad, compasión y la convicción de que incluso la más mínima chispa de vida merece la pena ser defendida.
Y, en definitiva, lo que nos permitió salir adelante
no fue solo la habilidad o el entrenamiento,
sino la unidad de un equipo decidido a darle a alguien la oportunidad de tener una vida más larga.
Esto es lo que significa estar comprometido.
Esto es lo que significa estar juntos.
Esto es lo que significa luchar por la vida.