PARTE 3 — ELLA LE ADVIRTIÓ: “YO NO VENGO SOLA”
Valeria lo miró durante varios segundos.
—¿Como mi jefe?
—No.
—Entonces tenemos un problema.
Diego asintió.
—Lo sé.
Había hablado previamente con Recursos Humanos.
Si Valeria aceptaba salir con él, ella dejaría de depender de cualquier área bajo supervisión directa de Diego. Sus evaluaciones quedarían en manos de un comité.
—No quiero que pienses que debes aceptar porque trabajo aquí —dijo Valeria.
—Precisamente por eso estoy intentando hacerlo correctamente.
Ella bajó la mirada.
Después dijo:
—Hay otra cosa.
—Dime.
—Yo no vengo sola.
Diego entendió inmediatamente.
—Emilia.
—No es un detalle de mi vida. No es algo que pueda guardar en casa mientras construyo otra relación. Ella viene conmigo.
Diego no dudó.
—Lo sé.
Aquella ausencia de pausa significó más para Valeria que cualquier discurso.
Había pasado meses viendo rostros cambiar cuando mencionaba a su hija.
Diego no cambió.
—Entonces sí —dijo ella.
Su primera cena fue en un pequeño restaurante de comida mexicana cerca de la misma parada donde se habían conocido.
Hablaron durante 3 horas.
De trabajo.
De madres.
De miedo.
De Emilia.
Diego confesó que durante años había creído que el éxito consistía en no necesitar a nadie.
Valeria respondió:
—Eso no es éxito. Eso es cansancio caro.
Diego soltó una carcajada.
Meses después, la relación dejó de ser un secreto.
También dejó de ser un escándalo.
Valeria siguió creciendo dentro de la empresa porque era buena.
Un año más tarde fue promovida a coordinadora de operaciones mediante una evaluación independiente.
Emilia empezó a llamar a Diego “el señor que sabe hacer hot cakes feos”.
Él afirmaba que sus hot cakes eran perfectamente redondos.
Emilia decía que México merecía conocer la verdad.
Pero la verdadera prueba llegó cuando el padre biológico de Emilia reapareció después de 4 años.
Se llamaba Mauricio.
Había visto fotografías de Valeria junto a Diego en redes sociales.
De repente quería “recuperar a su familia”.
Valeria se negó.
Mauricio comenzó a amenazar con pedir la custodia.
—Ahora que tienes novio millonario seguro puedes pagarme lo que me corresponde por alejarme —le dijo por teléfono.
Valeria sintió náuseas.
—¿Lo que te corresponde?
—Puedo complicarte las cosas.
Diego quiso contratar inmediatamente al mejor despacho jurídico del país.
Valeria lo detuvo.
—No.
—Valeria, está amenazándote.
—Necesito que entiendas algo. Si peleo esto, voy a pelearlo yo. Puedes estar conmigo, pero no puedes resolverlo por mí.
Diego guardó silencio.
Antes, habría usado dinero y contactos.
Esta vez preguntó:
—¿Qué necesitas?
Valeria sonrió ligeramente.
Era exactamente la pregunta que él había hecho durante aquella primera entrevista.
—Que estés cuando salgamos del juzgado.
Mauricio presentó una demanda.
Pero su propia historia lo destruyó.
No había pagado manutención.
No había visitado a Emilia.
No conocía su escuela, su pediatra ni siquiera su segundo apellido completo.
Los mensajes donde pedía dinero fueron presentados ante el juez.
La petición fue rechazada y se establecieron obligaciones legales que Mauricio llevaba años evitando.