Cuando él tenía 30 años, Teresa trabajaba como asistente contable en la primera constructora que fundó junto con su hermano. Ella era inteligente, directa y no se impresionaba con sus planes.
Una tarde, durante un viaje a Jalisco, Teresa le dijo que envidiaba a las tortugas.
—Llevan su hogar sobre la espalda —explicó—. Nadie puede obligarlas a abandonar el lugar al que pertenecen.
Guillermo le compró el colgante.
—Entonces lleva tu hogar contigo.
Se enamoraron.
Pero la familia Castañeda nunca aceptó a Teresa. El padre de Guillermo aseguraba que ella buscaba dinero. Su hermano mayor, Octavio, comenzó a enviarle amenazas y ofreció pagarle para que desapareciera.
Cuando Guillermo viajó a Estados Unidos para conseguir inversionistas, Octavio le dijo a Teresa que su hermano se había comprometido con la hija de un banquero.
A Guillermo le aseguró que Teresa había aceptado dinero y se había marchado con otro hombre.
Cuando descubrió la mentira, meses después, ella ya no estaba en la ciudad.
La buscó durante años.
No encontró nada.
En el elevador, después de verla, Guillermo tocó el bolsillo interior de su saco. Allí guardaba una fotografía antigua de Teresa usando la misma tortuga de plata.
Terminó la reunión del consejo sin cometer un solo error.
Sin embargo, al regresar a su oficina, llamó a Mauricio Beltrán, responsable de investigaciones especiales.
—Necesito que averigües todo sobre la joven que estaba limpiando el vestíbulo.
—¿Su nombre?
—Valeria Morales. También busca a una mujer llamada Teresa Morales. Debe tener alrededor de 50 años.
Mientras tanto, Verónica regresó a su oficina enfurecida.
Abrió el expediente laboral de Valeria.
Edad: 24 años.
Estudios: 3 años de Derecho, suspendidos por problemas familiares.
Contacto de emergencia: Teresa Morales.
Verónica no conocía la historia completa, pero comprendió algo esencial: Guillermo Castañeda no se arrodillaba ante nadie.
Si lo había hecho por una empleada de limpieza, aquella joven representaba una amenaza.
Verónica llevaba 2 años preparando una maniobra para controlar el grupo. Junto con Ramiro Salcedo, director jurídico, había creado contratos falsos con proveedores. Cerca de 500,000,000 de pesos habían sido transferidos a empresas fantasma.
El siguiente paso era debilitar la autoridad de Guillermo y convencer al consejo de que su juicio comenzaba a fallar.
La aparición de Valeria podía distraerlo o destruir el plan.
Decidió apartarla.
3 días después, Ramiro elaboró un informe sobre la desaparición de documentos confidenciales relacionados con la compra de una empresa de Monterrey.
Los registros electrónicos indicaban que Valeria había entrado al archivo del piso 14 durante el horario en que desapareció la carpeta.
La citaron en una sala sin ventanas.
Frente a ella estaban el responsable de Cumplimiento, Ramiro y Verónica.
—No robé ningún documento —dijo Valeria.
Ramiro deslizó un acuerdo sobre la mesa.
—La empresa está dispuesta a manejarlo discretamente. Recibirás 40,000 pesos a cambio de renunciar, aceptar la responsabilidad y comprometerte a no hablar.
Valeria observó el documento.
40,000 pesos pagarían varias semanas del tratamiento de su madre.
También convertirían una mentira en una confesión firmada.
—No aceptaré.
Verónica cruzó los brazos.
—Sin este acuerdo, quedará una acusación de robo en tu expediente. Ninguna compañía respetable volverá a contratarte.
—Entonces tendrán que demostrar que fui yo.
—Las pruebas ya lo demuestran.
Valeria empujó el documento.
—Las pruebas falsas también parecen convincentes hasta que alguien las revisa bien.
Ramiro sonrió.
—Abandonaste la facultad antes de convertirte en abogada. No intentes hablar como una.
—No necesito un título para reconocer una amenaza.
4 días después, Verónica la despidió frente a varios empleados.