Ordenó una auditoría forense completa.
El equipo descubrió 27 contratos falsos, 3 empresas fantasma y transferencias que sumaban 497,000,000 de pesos.
También recuperaron las imágenes del piso 14.
Valeria nunca había entrado al archivo.
Ramiro alteró manualmente los registros con sus credenciales.
Verónica autorizó la operación y utilizó el escándalo para preparar un informe donde afirmaba que Guillermo estaba emocionalmente inestable.
La reunión extraordinaria del consejo se celebró 12 días después.
Verónica llegó convencida de que pediría una evaluación sobre la capacidad de Guillermo para continuar como presidente.
En lugar de eso, encontró a 3 auditores independientes y a 2 agentes de la Fiscalía.
Guillermo distribuyó el informe.
—Durante 14 meses se desviaron 497,000,000 de pesos —explicó—. Los responsables utilizaron empresas ficticias y contratos jurídicos aprobados por Ramiro Salcedo.
Verónica intentó mantener la calma.
—Exijo responder mediante los canales correspondientes.
—Tendrás oportunidad de hacerlo.
Guillermo mostró las comunicaciones recuperadas entre ambos.
En ellas discutían el fraude, la manipulación del consejo y la necesidad de “eliminar a la muchacha del collar antes de que el viejo descubra quién es”.
Ramiro bajó la cabeza.
Los agentes entraron.
Cuando esposaron a Verónica, ella miró a Guillermo.
—Todo esto por una trabajadora de limpieza.
—No —respondió él—. Todo esto porque robaste, manipulaste pruebas y destruiste la reputación de una mujer inocente. Que fuera trabajadora de limpieza solo hizo que pensaras que nadie la defendería.
Después de que se los llevaron, Guillermo se dirigió al consejo.
—Valeria Morales fue humillada y despedida por una acusación fabricada. Yo sospeché que era inocente y tardé demasiado en protegerla porque decidí utilizar su sufrimiento para completar esta investigación.
Nadie habló.
—También debo informarles que Valeria es mi hija.
Aquella tarde, Valeria recibió una llamada.
Las acusaciones habían sido retiradas, su expediente estaba limpio y Guillermo deseaba hablar con ella.
El encuentro tuvo lugar en su oficina.
No había abogados ni asistentes.
Sobre el escritorio se encontraban el informe de ADN, la auditoría y una fotografía antigua de Teresa.
Valeria tomó la imagen.
Su madre aparecía joven, sonriente y con la tortuga alrededor del cuello.
—¿Usted se la dio?
—Sí.
Guillermo contó toda la historia.
No ocultó la interferencia de su familia, los años de búsqueda ni la decisión de permitir que el despido continuara mientras vigilaba a Verónica.
—Elegí proteger la investigación en lugar de protegerte a ti —admitió—. Fue una decisión calculada y cobarde. No espero que me perdones.
Valeria leyó los documentos con atención.
—¿Mi madre sabe que me encontró?
—No. Quería hablar contigo primero.
—¿Por qué hizo la prueba sin preguntarme?
Guillermo bajó la mirada.
—Porque estaba desesperado por conocer la verdad.
—La desesperación no le daba derecho.
—Tienes razón.
Valeria cerró la carpeta.
—Necesito tiempo.
—Tendrás todo el que necesites.
—No estoy diciendo que nunca quiera conocerlo. Estoy diciendo que no puede aparecer con una prueba y esperar convertirse inmediatamente en mi padre.
—Lo entiendo.
—Y no quiero dinero.
—No te lo ofreceré.
—Sí lo hará. Los hombres como usted creen que el dinero arregla lo que no saben expresar.
Guillermo aceptó el golpe.
—Entonces intentaré aprender otra manera.
Valeria salió.
2 días después contó la verdad a Teresa.
Su madre lloró durante horas. Confesó que el padre y el hermano de Guillermo la amenazaron cuando descubrieron el embarazo. Le aseguraron que Guillermo había elegido a otra mujer y que, si intentaba acercarse, utilizarían su poder para quitarle a la niña.
—Debí buscarlo —dijo Teresa.
—Tú también estabas asustada.
Guillermo visitó el departamento un domingo.
La conversación fue larga e imperfecta.
Teresa no lo abrazó.
Valeria tampoco.
Sin embargo, los 3 terminaron comiendo pollo asado alrededor de una mesa pequeña mientras la lluvia golpeaba las ventanas.