Después, Ethan hizo algo que jamás lo había visto hacer.
Se arrodilló.
—No me dejes.
No sentí triunfo.
Solo cansancio.
—Levántate.
—Haré lo que quieras.
—Ayer querías que esperara un mes mientras seguías casado con ella.
—Estaba confundido.
—No. Estabas seguro de que yo aceptaría.
Sus ojos se enrojecieron.
—Dime qué tengo que hacer.
—Asumir las consecuencias.
Me alejé.
Antes de entrar, Ethan preguntó:
—¿Alguna vez podrás perdonarme?
Me detuve sin girarme.
—Tal vez.
Escuché cómo soltaba el aire.
Entonces terminé la frase:
—Pero nunca volveré contigo.
Tres meses después, la empresa de Ethan perdió a dos inversionistas principales.
Los periódicos financieros hablaron de mala gestión.
Los bancos renegociaron sus préstamos.
Tuvo que vender una parte de la compañía que había jurado no perder jamás.
Sophie desapareció de su vida apenas comenzaron los problemas.
Más tarde supe que ella había esperado ocupar mi lugar no solo en la boda, sino también en la fortuna que creía que Ethan poseía.