La calabaza y sus semillas han ganado interés en el mundo de la salud masculina porque contienen compuestos que podrían apoyar el bienestar urinario y prostático, especialmente en hombres con síntomas asociados a la hiperplasia prostática benigna, una condición frecuente con la edad en la que la próstata aumenta de tamaño y puede generar molestias como levantarse muchas veces en la noche a orinar, chorro débil, urgencia urinaria o sensación de vaciamiento incompleto.
Es importante aclarar algo con responsabilidad: la idea de que “comer calabaza diariamente reduce el agrandamiento de la próstata en un 41%” debe tomarse con mucha cautela. La evidencia científica disponible no confirma de forma sólida que la calabaza común, por sí sola, reduzca el tamaño de la próstata exactamente en ese porcentaje. Lo que sí se ha estudiado con más detalle son las semillas de calabaza, el aceite de semilla de calabaza y algunos extractos derivados de Cucurbita pepo, principalmente por su posible efecto en los síntomas urinarios relacionados con la próstata aumentada. En un estudio clínico de un año, hombres con síntomas urinarios por hiperplasia prostática benigna que consumieron semillas de calabaza mostraron una reducción clínicamente relevante en la puntuación de síntomas prostáticos, aunque los autores señalaron que se necesitan más estudios confirmatorios antes de hacer recomendaciones definitivas.
¿Por qué las semillas de calabaza podrían ser interesantes? Porque aportan fitosteroles, ácidos grasos saludables, antioxidantes, magnesio y zinc. Estos nutrientes participan en procesos vinculados con inflamación, equilibrio hormonal, función inmunológica y salud celular. En el caso del zinc, se trata de un mineral importante para múltiples funciones del cuerpo, incluyendo la salud reproductiva masculina, aunque eso no significa que comer más zinc cure problemas prostáticos. La nutrición ayuda, pero no reemplaza la evaluación médica.
Algunos ensayos también han evaluado el aceite de semilla de calabaza frente a tratamientos médicos habituales. Un estudio publicado en 2021 encontró que el aceite de semilla de calabaza mejoró síntomas de hiperplasia prostática benigna y fue bien tolerado, pero no fue tan efectivo como la tamsulosina, un medicamento usado comúnmente para mejorar el flujo urinario. Esto es clave: los alimentos pueden acompañar el bienestar, pero cuando los síntomas son moderados o intensos, el manejo médico sigue siendo fundamental.
La calabaza como alimento también tiene valor nutricional por su contenido de fibra, carotenoides y bajo aporte calórico, lo que puede favorecer una alimentación más equilibrada. Sin embargo, el efecto estudiado sobre la próstata se relaciona más con las semillas, aceites o extractos que con la pulpa de calabaza en sí. Por eso, una forma realista de incluirla en la dieta sería consumir semillas de calabaza naturales, preferiblemente sin exceso de sal, dentro de un patrón alimentario rico en vegetales, legumbres, frutas, grasas saludables y proteína de buena calidad.
También conviene prestar atención a las señales del cuerpo. Si hay dificultad para orinar, dolor, sangre en la orina, infecciones urinarias repetidas, pérdida de peso inexplicable o necesidad de levantarse muchas veces por la noche, lo adecuado es consultar con un urólogo. No todo síntoma urinario se debe a próstata agrandada, y retrasar una evaluación puede hacer que un problema tratable avance innecesariamente.
Plan de acción: 3 recomendaciones prácticas
Calabaza y próstata: lo que realmente dice la ciencia sobre este alimento