PARTE 2
CUANDO REGRESÓ A CASA, SU ESPOSA YA HABÍA BORRADO SIETE AÑOS DE MATRIMONIO
A las dos y cuarenta y siete de la madrugada, Adrian envió un mensaje.
“Duke está estable. Chloe tuvo una crisis de ansiedad. Me quedaré aquí un poco más. No me esperes despierta.”
Isabella lo leyó sentada en el suelo del dormitorio de Noah.
No respondió.
Frente a ella había tres cajas.
En la primera guardó los dibujos de su hijo.
En la segunda, su ropa favorita.
En la tercera, los juguetes que no había tenido valor de tocar desde que murió.
Sobre la cama seguía descansando el pequeño conejo gris con el que Noah dormía desde los dos años.
Isabella lo tomó entre las manos.
Por primera vez desde el funeral, las lágrimas aparecieron.
No fueron muchas.
Solo dos.
Bajaron silenciosamente por sus mejillas mientras apretaba el peluche contra el pecho.
—Lo siento, Noah.
Durante meses se había preguntado qué habría ocurrido si hubiera peleado más.
Si hubiera llamado ella misma a todos los hospitales.
Si hubiera impedido que Adrian se llevara aquel medicamento.
Si hubiera comprendido antes que no podía confiar en él.
Pero el médico había sido claro.
La enfermedad de Noah era grave.
Nadie podía garantizar que aquella dosis hubiera salvado su vida.
Aquello debería haber consolado a Isabella.
No lo hizo.
Porque la cuestión ya no era si el medicamento habría funcionado.
La cuestión era que, cuando tuvo que elegir, Adrian eligió a Chloe.
Ni siquiera a Chloe.
A su perro.
Y Noah había esperado a su padre hasta el último instante.
Isabella cerró la caja.
Después entró al despacho.
Sobre el escritorio había un sobre preparado desde hacía tres días.
Dentro estaban los papeles de divorcio.
No había tomado la decisión después del funeral.
Ni después de ver la publicación de Chloe.
La había tomado en el hospital, minutos después de que Noah muriera.
Aquella noche Adrian llegó casi al amanecer.
Entró a la habitación con el rostro cansado y preguntó:
—¿Cómo está?
Isabella estaba sentada junto a la cama vacía.
Lo miró durante varios segundos.
—Murió.
Adrian palideció.
—¿Qué?
—Noah murió a las once y diecisiete.
Por primera vez en muchos años, ella vio verdadero pánico en sus ojos.
Adrian dio un paso hacia atrás.
—No… El médico dijo que todavía había tiempo.
—Había tiempo cuando conseguimos el medicamento.
Él se quedó en silencio.
Isabella preguntó:
—¿Dónde está?
Adrian entendió inmediatamente a qué se refería.
—Isabella…
—¿Dónde está la medicina de Noah?
—Duke estaba entrando en shock. Chloe estaba completamente fuera de control. Yo pensé que podíamos conseguir otra dosis para Noah.
—Pero no la conseguimos.
—No sabía que su condición iba a empeorar tan rápido.
Isabella lo observó.
No gritó.
No lo golpeó.
Solo dijo:
—Vete.
Adrian permaneció inmóvil.
—Isa…
—Vete.
Esa fue la noche en que murió algo más además de Noah.
Su matrimonio.
A la mañana siguiente del funeral, Adrian regresó poco después de las siete.
Había dormido quizá una hora.
Esperaba encontrar a Isabella en la cocina.
En cambio, la casa estaba completamente silenciosa.
—¿Isabella?
Nadie respondió.
Subió las escaleras.
La puerta del dormitorio estaba abierta.
Varias prendas de ella habían desaparecido.
Adrian frunció el ceño.
Abrió el armario.
Vacío en un tercio.
Fue entonces cuando descubrió el sobre sobre la cama.
Lo abrió.
Cuando leyó las primeras líneas, su rostro cambió.
Solicitud de divorcio.
La puerta del baño se abrió.
Isabella salió con una pequeña bolsa de artículos personales.
Adrian levantó los papeles.
—¿Qué significa esto?
—Lo que dice.
—Acabamos de enterrar a nuestro hijo.
—Precisamente.
—¿Y quieres divorciarte ahora?
Isabella guardó una botella de perfume.
—Sí.
Adrian se pasó una mano por el cabello.
—Estás sufriendo. No estás pensando con claridad.
Ella cerró la bolsa.
—Nunca había pensado con tanta claridad.
—¿Esto es por Chloe?
Isabella soltó una pequeña risa.
No contenía humor.
—Qué curioso.
—¿Qué?
—Siempre creíste que todas nuestras discusiones eran por Chloe.
—Porque siempre estabas celosa de ella.
Isabella lo miró.
—No, Adrian. Nunca tuve celos de Chloe.
—¿Entonces qué era?
—Tenía miedo.
Él guardó silencio.
—Miedo de que un día tu obsesión por protegerla nos destruyera.
Isabella señaló la habitación vacía de Noah al otro lado del pasillo.
—Y ocurrió.
El rostro de Adrian se endureció.
—Ya te expliqué que lo del medicamento fue un error.
—Un error es olvidar una cita.
Dio un paso hacia él.
—Elegir conscientemente sacar del hospital la medicina reservada para tu hijo enfermo y entregársela al perro de otra persona no es un error.