—Voy a divorciarme de Adrian.
—Piénsalo por la memoria de Noah.
Isabella sintió que algo ardía dentro de ella.
—Precisamente lo hago por Noah.
Colgó.
Un mes más tarde comenzó formalmente el proceso.
Adrian se negó inicialmente a firmar.
No por dinero.
No discutió ninguna propiedad.
Simplemente no quería aceptar que había terminado.
Pero Isabella no cedió.
Entonces ocurrió algo que terminó de destruir cualquier posibilidad de reconciliación.
El abogado de Isabella consiguió los registros de adquisición del medicamento que debía recibir Noah.
Y descubrió que Adrian no solo se había llevado la dosis.
Había ordenado a uno de sus empleados modificar el destino registrado para evitar que el hospital reclamara inmediatamente el medicamento.
Adrian dijo que solo quería evitar problemas administrativos mientras buscaba otra unidad.
Pero legalmente aquella decisión era mucho más grave de lo que Isabella había imaginado.
La noticia llegó a la junta directiva de la empresa.
Después a varios inversores.
Y finalmente a la prensa.
“DIRECTOR EJECUTIVO DESVIÓ MEDICAMENTO PEDIÁTRICO DESTINADO A SU PROPIO HIJO.”
Adrian fue suspendido temporalmente mientras se investigaba el caso.
Chloe desapareció de las redes sociales.
La familia Bennett intentó controlar el escándalo.
Isabella no concedió una sola entrevista.
No quería venganza pública.
Solo quería terminar.
Sin embargo, una tarde recibió un mensaje inesperado.
Era Chloe.
“Necesito hablar contigo. Solo una vez.”
Isabella estuvo a punto de borrar el mensaje.
Después vio la segunda línea.
“Es sobre la noche en que murió Noah.”
Aceptó reunirse en una cafetería cercana al hospital.
Chloe llegó sin maquillaje.
Parecía mucho más joven y mucho más cansada.
Durante varios minutos ninguna habló.
Finalmente Chloe dijo:
—Sé que me odias.
—No.
La respuesta pareció sorprenderla.
—¿No?
—Odiarte requeriría dedicarte energía.
Chloe bajó la mirada.
—Yo quería disculparme.
—Hazlo.
—Lo siento.
Isabella esperó.
Chloe continuó:
—Yo sabía que la medicina era para Noah.
—Adrian ya me lo dijo.
—Hay algo más.
Isabella la miró.
Las manos de Chloe comenzaron a temblar.
—Duke no estaba tan grave como le dije.
Isabella dejó lentamente la taza sobre la mesa.
—¿Qué acabas de decir?
—Había tenido una reacción, pero el veterinario dijo que probablemente podía estabilizarse con otro tratamiento.
Durante unos segundos Isabella no escuchó nada.
Ni las conversaciones alrededor.
Ni la cafetera.
Ni la música.
Solo aquella frase.
—Entonces, ¿por qué?
Chloe comenzó a llorar.
—Porque Adrian llevaba tres días sin venir a verme.
Isabella la miró como si estuviera viendo a una desconocida.
—¿Le hiciste creer que tu perro estaba muriendo porque querías que fuera a verte?
—Yo estaba mal.
—Mi hijo estaba muriendo.
—Lo sé.
—No. No lo sabes.
La voz de Isabella se volvió baja.
Peligrosamente baja.
—Un niño de seis años respiraba con una mascarilla y preguntaba por su padre.
Chloe lloraba.
—No pensé que Noah moriría.
—Eso no importa.
Isabella se inclinó hacia delante.
—Pensaste que tu necesidad de ver a Adrian era más importante que el riesgo de que Noah muriera.
Chloe sacudió la cabeza.
—Yo no quería…
—Pero ocurrió.
Isabella se levantó.
Chloe agarró su bolso.
—Espera. Adrian no sabía que exageré.
Isabella se detuvo.
—No estoy intentando defenderlo.
Chloe tomó aire.
—Solo quiero que sepas que esa parte fue culpa mía.
Isabella la observó durante mucho tiempo.
Después dijo algo que Chloe jamás olvidaría.
—Tú pusiste la trampa.
Sus ojos estaban secos.
—Pero él eligió entrar.
Y se marchó.
La declaración de Chloe cambió la investigación.
Sin embargo, no cambió la decisión de Isabella.