Verónica entró primero. Vestía una blusa amarilla que Raúl le había regalado en su aniversario. Esteban apareció detrás de ella y cerró la puerta con la naturalidad de quien conocía bien la casa.
Dejó las llaves sobre una mesa construida por don Julián.
Verónica se volvió hacia él y sonrió.
No era una sonrisa para un cuñado.
La cámara del pasillo se activó. Subieron juntos, se detuvieron frente al dormitorio y entraron. La puerta se cerró.
Raúl observó la hora.
Esperó.
No apartó los ojos de la pantalla hasta que transcurrió suficiente tiempo para eliminar cualquier explicación inocente.
Después cerró la computadora, tomó su herramienta y terminó de revisar el tablero eléctrico.
Regresó a casa a la hora habitual.
Verónica estaba preparando pasta.
—¿Cómo estuvo la obra?
—Terminamos la instalación principal.
—Qué bueno. ¿Tienes hambre?
—Sí.
Cenaron frente a frente. Ella habló de una serie que estaba viendo. Raúl hizo una pregunta en el momento correcto, terminó su plato y lavó los trastes.
Cuando Verónica se durmió, bajó al comedor y revisó todas las grabaciones.
En la cámara del estudio descubrió algo aún peor.
Esteban y Verónica aparecían frente a la computadora de la empresa. Ella abrió el sistema contable, introdujo una cantidad y cambió el nombre de un proveedor. Esteban permanecía detrás, señalando la pantalla.
Después brindaron con 2 copas de vino.
No solo traicionaban su matrimonio.
Estaban moviendo dinero.
A las 6:45 del día siguiente, Raúl se reunió con Joaquín Arriaga, abogado de la familia desde hacía 15 años.
No le mostró ninguna grabación privada. Solo las entradas, las salidas y el video del estudio.
Joaquín lo observó 2 veces.
—¿Desde cuándo sospechas?
—Desde hace 8 días.
—¿Qué quieres hacer?
—Descubrir hasta dónde llega.
—Podemos presentar el divorcio de inmediato y proteger tus cuentas.
—Si actúo ahora, cerrarán todo. Borrarán correos, vaciarán cuentas y fingirán que solo fue una aventura.
—¿Estás dispuesto a seguir viviendo con ella mientras investigamos?
Raúl miró uno de los antiguos libros contables de su padre, colocado sobre una repisa.
—No estoy viviendo con mi esposa. Estoy observando a una persona que todavía no sabe que dejó de serlo.
Joaquín contrató a una contadora forense de Ciudad de México sin relación con la empresa. Mientras ella revisaba movimientos, Raúl actuó como si nada hubiera cambiado.
2 semanas después, Mariana Esquivel apareció en una obra.
Era la hermana menor de Verónica. Tenía los ojos hinchados y retorcía la correa de su bolso.
—Necesito hablar contigo.
Se sentaron dentro de la camioneta de Raúl.
Mariana tardó varios minutos en comenzar.
—Verónica planea dejarte.
—Lo sé.
Ella lo miró, sorprendida.
—No sabes todo.
—Entonces cuéntamelo.
—Lleva más de 1 año haciendo preparativos. Dice que el matrimonio terminó hace tiempo y que solo esperaba el momento adecuado.
—¿Qué significa “el momento adecuado”?
—Cuando el contrato de los hospitales estuviera firmado.
Raúl permaneció inmóvil.
—¿Por qué ese contrato?
—No lo sé. Solo escuché que después tendrían suficiente dinero para empezar de nuevo.
—¿“Tendrían”?
Mariana bajó la mirada.
—Verónica y Esteban.
El silencio dentro de la camioneta se volvió pesado.
Raúl hizo una última pregunta.
—¿Está embarazada?
Las manos de Mariana dejaron de moverse.
No respondió.
No era necesario.
—¿Esteban lo sabe?
Mariana asintió.
Antes de bajar, comenzó a llorar.
—Perdóname. Es mi hermana, pero lo que están haciendo está mal.