—Decir la verdad no te convierte en una traidora. Ellos tomaron sus decisiones antes de que tú llegaras aquí.
Aquella tarde Raúl llamó a Joaquín.
—Revisa 3 años completos. Quiero cuentas, proveedores, correos y autorizaciones. También quiero saber qué planeaban hacer después de obtener el contrato.
El informe llegó 4 semanas más tarde.
La contadora descubrió una empresa inexistente llamada Servicios Técnicos del Norte. No tenía oficinas, empleados ni operaciones reales. Solo un apartado postal y una cuenta bancaria controlada por Verónica.
Durante 3 años habían transferido 18,700,000 pesos.
Al principio eran cantidades pequeñas. Después aumentaron hasta superar 1,000,000 en un solo movimiento.
Las autorizaciones de Esteban aparecían en 6 operaciones.
También encontraron correos en los que él contactaba a los principales clientes de Instalaciones Mendoza y se presentaba como el verdadero responsable del crecimiento de la compañía.
—Eso no es todo —dijo Joaquín.
Colocó otro documento frente a Raúl.
Era una garantía personal incluida entre los anexos del contrato de los hospitales. Si Raúl la firmaba, asumiría personalmente cualquier irregularidad financiera descubierta durante la ejecución del proyecto.
—Esteban cambió este anexo hace 2 meses —explicó el abogado—. La empresa obtendría el anticipo del contrato. Verónica transferiría una parte a Servicios Técnicos del Norte. Después ambos abandonarían Instalaciones Mendoza y tú quedarías como responsable del faltante.
Raúl leyó las cláusulas.
No querían robarle una parte de la empresa.
Pretendían destruirlo y marcharse con el dinero.
—¿Podemos demostrarlo?
—Tenemos correos, versiones del documento, movimientos bancarios y grabaciones. La evidencia es suficiente para una demanda civil y una denuncia penal.
—Prepara todo.
—¿Cuándo quieres actuar?
Raúl contempló la fotografía de su padre junto a la primera camioneta de la compañía.
—El domingo.
Convocó a una reunión bajo el pretexto de anunciar novedades sobre el contrato de los hospitales.
Su madre, doña Elvira, llegó con un pastel de tres leches. Vestía un traje azul oscuro y llevaba los aretes que su esposo le regaló en su aniversario número 30.
Mariana se sentó en una esquina.
Joaquín ocupó una silla junto a Raúl.
Esteban y Verónica llegaron juntos, aunque entraron con varios pasos de distancia.
—Espero que sean buenas noticias —comentó Esteban—. Mamá canceló la misa por venir.
—Lo serán para algunas personas —respondió Raúl.
Cuando todos estuvieron sentados, habló de don Julián.
Recordó cómo inició la empresa con una camioneta que se apagaba en los semáforos. Cómo estudiaba reglamentos por las noches. Cómo nunca dejó de pagar a un trabajador, incluso durante las crisis.
—Papá decía que el apellido de un hombre podía ser su mejor herramienta o su peor deuda —concluyó—. Creía que nosotros protegeríamos el suyo.
Encendió la pantalla.
Primero mostró el video del estudio. Verónica introducía una transferencia mientras Esteban observaba.
Después aparecieron las cuentas de la empresa falsa, los correos, las firmas y el anexo modificado.
Raúl pronunció la cantidad robada dígito por dígito.
Esteban dejó de sonreír.
Verónica permaneció con las manos ocultas bajo la mesa.
—Necesito explicar algo —dijo ella—. Nuestro matrimonio llevaba años terminado. Nunca estabas conmigo. Todo era la empresa, las obras y el recuerdo de tu padre. Yo recibía lo que te sobraba.
Raúl esperó hasta que terminó.
—¿Usaste la empresa de mi padre para financiar una vida con mi hermano?
Verónica no respondió.
—Entonces no queda nada que hablar.
Esteban golpeó la mesa.