PARTE 2: EL HOMBRE QUE QUERÍA COMPRAR SU SILENCIO
Valeria fue llevada a declarar.
No quedó detenida porque no existían pruebas de que hubiera tomado el dinero, pero perdió temporalmente su empleo y el acceso a la universidad.
Cuando salió de la comisaría, Mateo la esperaba.
—No tenía que quedarse.
—Sí tenía.
—¿Porque le sirvo café?
—Porque sé reconocer cuando alguien está siendo acusado injustamente.
Valeria lo miró con cansancio.
—Usted me conoce 20 minutos al día.
—En 20 minutos diarios durante casi 1 año he visto cómo devuelves dinero cuando un cliente paga de más, cómo compras desayuno para un niño que vende dulces y cómo estudias durante tus descansos. Eso dice más que muchas entrevistas.
Mateo contrató a una especialista independiente para recuperar los archivos borrados del sistema de vigilancia.
Mientras esperaban, Valeria buscó trabajo en otros restaurantes, pero el rumor del robo ya se había difundido. Nadie quería contratarla.
Su madre necesitaba medicamentos y la colegiatura de Diego vencía en 5 días.
Rogelio la citó en el café después del cierre.
—Puedo retirar la denuncia —dijo—. También puedo afirmar que hubo un error de contabilidad.
—¿Qué quiere a cambio?
El gerente colocó un documento frente a ella.
Valeria descubrió que el Café Jacaranda sería vendido para construir un estacionamiento de lujo conectado con un hotel.
La mayoría de los empleados sería despedida sin indemnización.
—Firma que nunca trabajaste horas extras y convence a los demás de aceptar la liquidación mínima —ordenó Rogelio—. Además, deja de hablar con Alcázar.
Valeria comprendió.
El comprador del terreno era una empresa competidora del Grupo Alcázar. Rogelio temía que Mateo descubriera la venta irregular y las deudas fiscales del café.
—¿Usted puso el dinero en mi casillero?
—No hagas preguntas cuyas respuestas no puedes pagar.
Valeria dejó su teléfono grabando dentro del bolso.
—Si firmo, ¿recuperaré mi beca?
—Haré desaparecer el problema.
—¿Y si no?
Rogelio sonrió.
—Seguirás siendo la mesera que robó 35,000 pesos a la única empresa que le dio una oportunidad.
Valeria tomó el documento.
Durante un instante pensó en firmarlo.
Después recordó a los compañeros que perderían sus empleos y a los niños que algún día estarían bajo su cuidado como enfermera.
No podía enseñarles a ser valientes si ella vendía su verdad ante la primera amenaza.
—No firmaré.
Rogelio se levantó violentamente y trató de quitarle el bolso.
Valeria retrocedió.
La puerta del despacho se abrió.
Mateo entró acompañado por 2 agentes y una abogada.
—No vuelva a tocarla.
Rogelio perdió el color.
La especialista había recuperado parte de las grabaciones eliminadas. Las imágenes mostraban al gerente abriendo el casillero de Valeria y colocando el sobre dentro.
También encontraron transferencias realizadas desde las cuentas del café hacia una compañía fantasma propiedad de Rogelio.
El dinero supuestamente robado formaba parte de un fraude mucho mayor.