PARTE 2
CUATRO AÑOS DESPUÉS DE ABANDONARME, REGRESÓ PARA RECUPERARME. EL PROBLEMA ERA QUE YO YA ME HABÍA CASADO CON SU HERMANO.
Ethan soltó mi muñeca como si acabara de quemarse.
Durante varios segundos no habló.
Solo miró a Nathaniel.
Luego a mí.
Después volvió a mirar el brazo que su hermano mantenía alrededor de mi cintura.
—¿Tu… esposa?
Nathaniel ni siquiera parpadeó.
—Eso dije.
Ethan soltó una carcajada seca.
—Muy gracioso.
Nadie respondió.
La sonrisa comenzó a desaparecerle lentamente.
—Nathaniel.
Su hermano mayor lo observó con absoluta calma.
—Olivia y yo estamos casados.
Esta vez Ethan no se rio.
—¿Desde cuándo?
Yo sabía que tarde o temprano tendríamos aquella conversación.
Simplemente nunca había imaginado que ocurriría en la entrada de un hotel, con los autos de los invitados todavía saliendo detrás de nosotros.
Nathaniel abrió la puerta del Bentley para mí.
—Hace tres años.
Ethan dio un paso atrás.
—Tres…
Su rostro cambió.
Hizo el cálculo.
Yo pude verlo.
Tres años.
Eso significaba que apenas un año después de que él huyera, yo ya era la esposa de su hermano.
—No.
La palabra salió de su boca casi como un reflejo.
Nathaniel arqueó una ceja.
—¿No?
—Ella iba a casarse conmigo.
Nathaniel me miró.
Luego volvió la vista hacia Ethan.
—Tú te marchaste.
—Por cuatro años.
—Exactamente.
Ethan apretó la mandíbula.
—Yo dije que volvería.
Aquella frase consiguió algo que no habían conseguido ni su regreso ni su sonrisa.
Me hizo reír.
Ethan me miró.
—¿Qué tiene de gracioso?
—Tú.
Me aparté suavemente de Nathaniel y lo enfrenté.
—De verdad pensabas que dejar un mensaje diciendo “espérame” convertía cuatro años de abandono en algún tipo de acuerdo.
—Olivia…
—No.
Por primera vez desde que había regresado, desapareció la condescendencia de mi voz.
—Tú elegiste irte.
—Yo era un adolescente.
—Yo también.
Eso lo silenció.
—Tenía dieciocho años, Ethan. Igual que tú. Pero curiosamente, solo uno de nosotros creyó tener derecho a destruir al otro porque estaba confundido.
La mandíbula de Ethan se tensó.
—No destruí tu vida.
Nathaniel dio un paso hacia él.
Yo levanté una mano.
—Déjalo.
Mi esposo se detuvo.
Yo quería decir aquello personalmente.
—¿Quieres saber qué ocurrió después de que te fuiste?
Ethan no contestó.
—Durante meses no podía entrar a un restaurante sin escuchar susurros.
—Olivia…
—Tu mensaje se filtró. Todo el mundo sabía que habías abandonado nuestro compromiso por Sophie. Y después comenzó el otro rumor.
Su expresión cambió ligeramente.
Sabía exactamente a qué rumor me refería.
—Que habíamos dormido juntos la noche anterior.
Ethan bajó los ojos.
—No sé quién contó eso.
—Sophie.
—Ella se lo dijo a alguien en Stanford. Ese alguien conocía a una chica de Miami. Tres días después lo sabía media ciudad.
Respiré lentamente.
—La gente no decía que tú me habías utilizado. Decía que yo había sido una ingenua.
Nathaniel apretó los puños.
Aunque conocía toda aquella historia, nunca soportaba escucharla.
—Mis padres dejaron de recibir determinadas invitaciones —continué—. Algunas familias que antes querían presentarme a sus hijos comenzaron a evitarme.
Ethan tragó saliva.
—Eso fue hace mucho.
—Para ti.
Sonreí sin alegría.
—Tú estabas en California disfrutando de una vida nueva. Yo era la muchacha a la que habías dejado después de llevártela a la cama.
Ethan apartó la mirada.
—Nunca quise que pasara eso.
—Pero pasó.
Se hizo silencio.
Después de unos segundos, Ethan señaló a Nathaniel.
—¿Y qué? ¿Él apareció como un héroe y aprovechó la oportunidad?
Nathaniel soltó una risa muy baja.
—Cuida tus palabras.
—Estoy hablando con mi hermano.
—Y yo estoy hablando con alguien que acaba de insinuar que me aproveché de mi esposa.
La tensión entre ambos podía sentirse físicamente.
Los Caldwell siempre habían sido diferentes.
Ethan era el hijo pequeño.
Carismático.
Impulsivo.
El que podía estrellar un auto deportivo y conseguir que su madre terminara preocupándose por si él se había hecho daño.