Clara intentó contener las lágrimas, pero no pudo. Se arrodilló junto a la cama y comenzó a rezar en silencio. Ernesto la observó con ternura. Él sabía algo que nadie más quería aceptar: su tiempo se estaba acabando.
Horas antes, el médico había hablado con él a solas.
—Don Ernesto… el cáncer ha avanzado demasiado. Queremos que esté cómodo y sin dolor.
Ernesto asintió en silencio. No discutió, no se enojó, no preguntó “¿por qué a mí?”. Simplemente miró por la ventana y dijo:
—Doctor… ¿sabe cuál es el problema de la gente? Que cree que la vida es eterna y olvida decir “te quiero” mientras hay tiempo.
El médico quedó inmóvil.
Aquellas palabras se quedaron flotando en la habitación mucho después de que salió.
Esa tarde, Clara publicó una fotografía de Ernesto en redes sociales. En la imagen él aparecía sonriendo desde la cama del hospital mientras ella rezaba a su lado. Encima escribió:
“Estoy muy enfermo de cáncer. Hoy te pido que no te vayas sin dejar un AMÉN.”
Miles de personas comenzaron a compartir la imagen. Llegaron mensajes desde distintos países. Algunos escribían “Amén”, otros contaban historias de familiares enfermos, y muchos simplemente agradecían la lección de esperanza de aquel hombre desconocido.
Pero nadie imaginaba lo que ocurriría esa noche.
A las dos de la madrugada, Ernesto despertó lentamente. Clara dormía sentada junto a la cama. Él tomó suavemente su mano.