Las líneas verticales en las uñas, también llamadas estrías longitudinales, son bastante comunes y en muchos casos no representan una enfermedad. Suelen verse como pequeños surcos que van desde la cutícula hasta la punta de la uña, y pueden hacerse más visibles con el paso de los años.
Esto ocurre porque el crecimiento de la uña cambia con la edad, la hidratación de la lámina ungueal puede disminuir y la superficie se vuelve menos uniforme. Mayo Clinic explica que las estrías verticales suelen ser frecuentes y, muchas veces, forman parte del envejecimiento normal de la uña.
Pero aunque muchas veces sean benignas, no conviene mirar las uñas como si fueran solo un detalle estético. Las uñas crecen lentamente y pueden reflejar hábitos, exposición a químicos, golpes repetidos, resequedad, manicuras agresivas, uso frecuente de removedores, deficiencias nutricionales o algunas condiciones de salud.
Por eso, cuando las líneas aparecen de repente, se acompañan de cambio de color, dolor, fragilidad extrema, desprendimiento, manchas oscuras o deformidad, lo más prudente es buscar evaluación profesional.
Un punto importante es diferenciar las líneas verticales de las horizontales. Las verticales van de arriba hacia abajo y suelen ser más comunes. Las horizontales, conocidas como líneas de Beau, pueden aparecer cuando el crecimiento de la uña se interrumpe por enfermedad, fiebre alta, estrés físico importante, lesión o ciertos problemas médicos.
Cleveland Clinic señala que las líneas horizontales pueden indicar que algo afectó temporalmente el crecimiento de la uña semanas o meses antes.
La resequedad también tiene mucho peso. Las uñas, al igual que la piel, pueden perder humedad y volverse quebradizas.
Lavarse las manos muchas veces, usar detergentes sin guantes, aplicar geles o acrílicos de forma continua y retirar esmaltes agresivos puede debilitar la superficie. En esos casos, las líneas pueden notarse más, aunque la causa sea externa y no necesariamente interna.