PARTE 2
LA MUJER POR LA QUE MI MARIDO ME GOLPEÓ NO SABÍA QUE YO ESTABA A PUNTO DE QUITARLE EL NEGOCIO DE SU VIDA
Durante varios segundos nadie habló.
El nombre de Henderson Group permaneció suspendido en la sala como una pieza que acababa de encajar en un rompecabezas que yo llevaba tres años intentando entender.
—¿Desde cuándo? —pregunté.
Henry Carter, vicepresidente financiero de Qin Global Europe, abrió otro documento.
—Adrián Shaw dejó el bufete Langford & Pierce hace tres años. Para abrir su propia firma necesitaba capital y clientes. Henderson Group fue uno de los primeros en firmar un contrato de representación a largo plazo.
—¿Uno de los primeros?
Henry negó con la cabeza.
—El más importante.
Sentí una extraña calma.
No dolor.
No sorpresa.
Calma.
De repente, muchas escenas de mi matrimonio adquirieron otro significado.
Las cenas a las que Adrián no podía acompañarme.
Los fines de semana en los que decía estar preparando una demanda.
Las llamadas de Vanessa a medianoche.
Los viajes de negocios improvisados.
Las veces que Adrián defendió a su familia incluso cuando nadie estaba atacándola.
Durante años me había preguntado si yo era demasiado sensible.
La respuesta era mucho más sencilla.
Yo había vivido dentro de una mentira convenientemente diseñada para que nunca hiciera demasiadas preguntas.
—¿Hay algo más?
Henry dudó.
—El padre de Vanessa, Richard Henderson, recomendó personalmente a Adrián ante varios clientes. Cerca del cuarenta por ciento de la facturación actual de su firma está directa o indirectamente relacionada con el grupo.
Solté una pequeña risa.
—Entonces si Henderson cae…
—La firma de su marido perdería buena parte de su flujo de caja.
—Exmarido —corregí.
Henry me miró.
—Todavía no.
—Lo será.
Cerré el archivo.
—No tocaremos su firma.
—¿Nada?
—Nada.
Henry pareció sorprendido.
—Claire, teniendo en cuenta lo que hizo…
—Precisamente por eso.
Me puse de pie y caminé hasta la ventana.
—Si atacamos su bufete, podrá decir que esto es una venganza personal. No pienso regalarle esa narrativa.
—Entonces, ¿qué hacemos?
Miré el Támesis.
—Ganamos NordTech.
NordTech era la adquisición más importante que Qin Global había perseguido en Europa durante años.
Una compañía sueca dedicada a almacenamiento energético, software de gestión de redes eléctricas y tecnología de baterías industriales.
Valor estimado:
1.200 millones de euros.
Henderson Group llevaba meses intentando comprarla.
Y Vanessa dirigía personalmente el proceso de adquisición.
Aquello ya no era solo un negocio.
Pero tampoco permitiría que se convirtiera en algo personal.
Esa era precisamente la diferencia entre Vanessa y yo.
Ella necesitaba destruirme.
Yo solo necesitaba ser mejor
El viernes siguiente viajé a Estocolmo.
La reunión final con los accionistas de NordTech se celebraría en un hotel frente al puerto.
Entré acompañada por Henry, Emma y nuestro equipo legal.
Vanessa ya estaba allí.
No la había visto desde la noche de la bofetada.
Vestía un traje blanco impecable, el cabello recogido y aquella expresión de serenidad estudiada que siempre utilizaba frente a extraños.
Cuando me vio, sus ojos bajaron durante una fracción de segundo hacia mi mejilla.
La marca ya había desaparecido.
Su sonrisa, no.
—Claire.
—Vanessa.
—No esperaba verte aquí.
—Eso suele ocurrir cuando alguien cree conocerme mejor de lo que realmente me conoce.
Su sonrisa se tensó.
—Adrián está muy preocupado.
—Qué considerado.
—Está buscando a Mia.
—Mia está con su madre.
Vanessa dio un paso hacia mí.
—Claire, quizá deberías dejar de utilizar a tu hija para castigar a tu marido.
Henry giró discretamente la cabeza.
Emma abrió los ojos.
Yo sonreí.
—Vanessa, voy a darte un consejo gratis.
—¿Cuál?
—Cuando estés intentando comprar una empresa de mil doscientos millones de euros, procura no comenzar la mañana insultando a la persona que compite contigo.