La expresión de Vanessa cambió.
—¿Tú… compites conmigo?
—Soy la directora ejecutiva interina de Qin Global Europe.
Por primera vez desde que la conocía, Vanessa perdió completamente el control de su rostro.
—¿Qué?
—¿Adrián nunca te lo contó?
—Adrián dijo que tú…
Se detuvo.
—¿Que yo qué?
No respondió.
No hacía falta.
Sabía exactamente lo que Adrián decía de mí.
Que había abandonado mi carrera.
Que dependía de él.
Que mi familia vivía cómodamente pero no tenía ninguna relevancia.
Que yo era una esposa celosa, insegura, demasiado pendiente de su marido.
Una mujer doméstica.
Inofensiva.
Perfecta para despreciar.
—La reunión comienza en cinco minutos —dije—. Buena suerte.
Entré en la sala sin mirar atrás.
Las ofertas económicas de Qin y Henderson eran similares.
La diferencia estaba en la estrategia.
Henderson quería absorber NordTech, reemplazar parte de la directiva y trasladar determinados activos tecnológicos a Asia.
Nosotros ofrecíamos mantener la sede en Suecia, conservar el equipo fundador y financiar una expansión hacia Reino Unido, Alemania y Estados Unidos.
Pero yo sabía que eso no bastaría.
Los fundadores de NordTech no habían construido la empresa únicamente para cobrar un cheque.
Querían conservar su legado.
Por eso, cuando me tocó hablar, cerré la presentación preparada por nuestro banco de inversión.
—No voy a enseñarles más gráficos.
Al otro lado de la mesa, varios ejecutivos levantaron la mirada.
—Ya conocen nuestras cifras. También conocen las de Henderson. Ambos grupos tienen dinero suficiente para comprar NordTech.
Puse las manos sobre la mesa.
—Así que la pregunta no es quién puede pagar más.
Miré al fundador, Lars Nyström.
—La pregunta es quién entiende qué están vendiendo.
Lars se inclinó hacia delante.
—Adelante.
—Usted no está vendiendo baterías. Está vendiendo quince años de su vida. Está vendiendo una empresa que comenzó con seis personas en un almacén. Está vendiendo patentes, sí, pero también el nombre que dejó de pertenecerle únicamente a usted cuando cientos de empleados comenzaron a construir su futuro alrededor de él.
La sala quedó en silencio.
—Qin Global no quiere borrar NordTech. Queremos hacer que el nombre NordTech llegue a mercados donde todavía no puede llegar sola.
Abrí una carpeta.
—Durante cinco años la empresa conservará su marca, sede ejecutiva y equipo central en Suecia. No habrá despidos derivados de la adquisición durante los primeros veinticuatro meses. Los fundadores mantendrán representación en el consejo. Y destinaremos doscientos millones de euros adicionales a investigación y expansión.
Vanessa me observaba con los labios apretados.
Lars preguntó:
—Su oferta original no incluía esa inversión.
—La incluye ahora.
—Eso reduce considerablemente la rentabilidad inicial para Qin.
—Sí.
—¿Y sus accionistas aceptarán?
—Ya lo han hecho.
Henry dejó sobre la mesa una carta firmada por el consejo de administración.
Lars sonrió por primera vez.
Vanessa entendió entonces que la partida se había inclinado.
Dos horas después, NordTech anunció que entraría en negociaciones exclusivas con Qin Global.
No era todavía la firma definitiva.
Pero, en operaciones de ese tamaño, significaba prácticamente una victoria.
Al salir del hotel, Vanessa me siguió.
—¡Claire!
Continué caminando.
—¡Claire, espera!
Me giré.
Tenía la cara pálida.
—¿Hiciste esto para vengarte de mí?
La miré durante unos segundos.
—Vanessa, esa es probablemente la diferencia más grande entre nosotras.
—¿Qué diferencia?
—Tú llevas años organizando tu vida alrededor de mi marido. Yo tengo cosas más importantes que hacer.
—No sabes nada sobre Adrián y yo.
—Sé lo suficiente.
Vanessa soltó una risa amarga.
—No, no sabes nada.
Se acercó.
—¿Sabes por qué Adrián abrió su bufete?
No respondí.
—Porque Richard se lo propuso. Mi padre vio potencial en él cuando nadie más lo hacía.
—Qué noble.
—Adrián siempre estuvo agradecido.
—¿Eso es lo que llamas a lo vuestro?
Su mirada se endureció.
—Tú apareciste en el peor momento.
Aquella frase me sorprendió.
—¿Aparecí?
—Adrián y yo nos conocíamos desde la universidad.
Eso sí lo sabía.
—Éramos muy cercanos. Pero él no tenía nada. Ni familia importante, ni dinero, ni contactos. Yo me fui a Nueva York y él se quedó. Después te conoció.