Lucía esperaba en una habitación contigua junto con 2 agentes.
Sobre la mesa había documentos que convertirían a Álvaro en administrador absoluto del patrimonio familiar.
—Solo firma aquí —dijo el hijo—. Después podrás descansar.
Octavio tomó la pluma.
—Antes de hacerlo, quiero hacerte una pregunta.
Álvaro se tensó.
—¿Qué cosa?
—¿Cuánto medicamento pusiste hoy en mi café?
El rostro de Regina perdió el color.
Álvaro intentó levantarse, pero la puerta se abrió y entraron los agentes.
Detrás de ellos apareció Lucía.
—Tú —murmuró Álvaro.
—Sí —respondió ella—. La mujer que, según tú, había huido con otro hombre.
Álvaro miró a su padre.
—Ella está mintiendo. Quiere quedarse con nuestro dinero.
Octavio colocó sobre la mesa los resultados médicos, las transferencias bancarias y las fotografías de las tabletas.
—También tenemos grabaciones de tus llamadas con Regina.
Álvaro comenzó a llorar.
—Papá, yo solo quería demostrarte que podía dirigir la empresa.
—Intentaste destruir mi salud.
—¡Nunca quise matarte!
—Solo querías dejarme lo bastante débil para robarme.
Regina corrió hacia una salida lateral, pero fue detenida en el pasillo.
Álvaro se volvió contra Lucía.
—Todo esto es por tu culpa.
Lucía dio un paso atrás y se llevó una mano al vientre.
De pronto, su rostro se contrajo.
—Algo está mal.
Un hilo de agua cayó al suelo.
El estrés había adelantado el parto.
Octavio olvidó por un instante a los agentes, las pruebas y la traición. Sostuvo a Lucía mientras llamaban a una ambulancia.
—Mírame —le dijo—. Tú y el bebé no están solos.
En el hospital, los médicos informaron que el niño estaba en peligro. Su ritmo cardíaco había descendido y necesitaban realizar una cesárea de emergencia.
Octavio esperó afuera del quirófano con las manos unidas.
En el bolsillo llevaba una fotografía de Elena.
—No pude salvar a nuestro hijo de convertirse en esto —susurró—. Pero ayúdame a salvar a su niño.
Casi una hora después, una enfermera salió sonriendo.
—El bebé está bien. Nació pequeño, pero fuerte.
Octavio entró en la habitación.
Lucía estaba pálida y agotada. Junto a ella, dentro de una cuna transparente, dormía un niño diminuto.
—Se llamará Emiliano —dijo ella—. Elena una vez me contó que ese era el nombre que ustedes habrían elegido para un segundo hijo.
Octavio lloró por primera vez desde el funeral de su esposa.
Álvaro y Regina fueron procesados por fraude, falsificación, administración fraudulenta y lesiones. La investigación reveló que Regina había utilizado el mismo método para apropiarse de otras 2 empresas familiares.