Algunas personas intentaron acercarse a Eleanor.
Ella rechazó las condolencias.
Marcus desapareció durante varios minutos con Vanessa.
Cuando regresó, estaba solo.
El pequeño Noah también se había ido.
Aquello me sorprendió.
—¿Dónde están? —preguntó Eleanor.
—Vanessa se llevó al niño.
—¿Por qué?
—Porque esto se convirtió en un circo.
Eleanor lo miró durante varios segundos.
—Tú trajiste el circo.
Nunca había escuchado a mi suegra hablarle así.
Marcus tampoco.
—Mamá, no empieces.
—Trajiste a tu amante al cumpleaños de tu madre. Presentaste a un hijo ilegítimo. Humillaste públicamente a tu esposa. Y ahora descubro que puede haber millones desaparecidos de la compañía que construyó tu padre.
—No hay dinero desaparecido.
—Entonces demuéstralo.
Marcus miró hacia mí.
—Ella te está manipulando.
Eleanor respondió algo que ninguno de los dos esperaba.
—Elena jamás necesitó manipularme. Ese ha sido tu trabajo durante años.
Se quitó los lentes.
Parecía haber envejecido diez años en una noche.
—¿Cuánto tiempo llevas con esa mujer?
Marcus guardó silencio.
—¿Cuánto?
—Cuatro años.
Eleanor cerró los ojos.
—¿Y sabías que tenía un hijo tuyo?
—Desde que quedó embarazada.
—Entonces llevas cuatro años mintiéndonos.
—No podía decirlo.
—Podías dejar de acostarte con ella.
Marcus golpeó una mesa con la palma.
—¡Ya basta! Vanessa me entiende. Elena convirtió nuestro matrimonio en una oficina. Todo eran cuentas, responsabilidades, Ethan, compromisos. Con Vanessa puedo respirar.
No pude evitar sonreír.
Era tan predecible.
El hombre que engaña casi siempre reescribe el matrimonio para convertirse en víctima.
—Curioso —dije—. Porque según tus mensajes, respirabas bastante bien cuando me pedías que revisara contratos a medianoche, organizara reuniones, consiguiera clientes y arreglara tus problemas con los bancos.
Marcus se volvió hacia mí.
—No metas negocios en esto.
—Tú los metiste cuando dijiste delante de todos que las acciones eran tuyas y que yo debía irme sin nada.
Se acercó.
—¿Qué quieres?
Finalmente.
La pregunta correcta.
—El divorcio.
Pareció desconcertado.
—Eso ya te lo ofrecí.
—No. Tú me ofreciste una expulsión.
Saqué de mi bolso una carpeta.
Había preparado los documentos esa misma mañana.
—Yo te ofrezco un divorcio.
Se la entregué.
—Custodia principal de Ethan para mí. Visitas según un acuerdo supervisado inicialmente por un terapeuta familiar. División de los bienes adquiridos durante el matrimonio conforme a la ley. Mis propiedades previas permanecen fuera. Y todos los activos relacionados con Brooks Capital también.
Marcus hojeó las páginas.
—Estás loca.
—También quiero una auditoría completa de Bennett Holdings.
—Eso no es asunto del divorcio.
—Para mí sí.
—No puedes exigirla.
—Como esposa, quizá no.
Hice una pausa.
—Como accionista, sí.
Marcus levantó lentamente la cabeza.
—¿Qué dijiste?
Eleanor también me miró.
—Elena…
Aquello era el segundo secreto.
Y probablemente el más importante.
—Actualmente controlo el treinta y siete por ciento de Bennett Holdings.
Marcus empezó a negar con la cabeza.
—Imposible.
—Durante la crisis de hace once años compré un doce por ciento como parte de la operación que salvó a la compañía. Después de la muerte de Charles, su fideicomiso me dejó otro cinco por ciento.
Eleanor abrió mucho los ojos.
Eso tampoco lo sabía.
—¿Charles te dejó acciones?
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque durante sus últimos tres años yo fui quien trabajó con él para reestructurar la deuda.
Marcus soltó una risa amarga.
—¿Y el resto? Eso solo suma diecisiete.
—Durante los últimos cinco años varios accionistas minoritarios vendieron sus participaciones.
Ya no sonreía.
—Yo las compré.
—¿A escondidas?
—Legalmente. No existe ninguna obligación de pedirte permiso.
Marcus me miró como si aquella fuera la primera vez que me veía.
Tal vez lo era.
Durante diez años había pensado que yo era un accesorio.
Una mujer agradable junto a él en fotografías.
La persona que recordaba los cumpleaños de los clientes.
La que corregía documentos.
La que organizaba cenas.
La que cuidaba a su madre después de una cirugía.
La que permanecía despierta con Ethan cuando tenía fiebre.