—La vivienda está a nombre de ambos.
—Pero el pago inicial provino de la venta de tu propiedad prematrimonial.
—Tengo los comprobantes.
—Perfecto. También debemos investigar si utilizó recursos de la empresa para financiar el viaje de Sophie.
Aquella posibilidad no se me había ocurrido.
Daniel afirmaba que la compañía pagaba sus boletos, su alojamiento y una asignación mensual.
Si también había incluido a su amante como parte del proyecto, podía haber cometido fraude interno.
Rachel me miró con firmeza.
—No amenaces con revelar nada. Solo reúne pruebas.
Durante los siguientes días, me moví en silencio.
Cancelé tarjetas adicionales.
Separé seguros.
Revoqué autorizaciones.
Contraté a un tasador para la casa.
Retiré objetos personales y documentos importantes.
También envié una notificación formal a la compañía de Daniel solicitando que cualquier comunicación financiera relacionada con nuestra cuenta conjunta fuera dirigida exclusivamente a mi abogada.
No acusé a nadie.
No mencioné la infidelidad.
Solo pedí claridad sobre ciertos reembolsos.
La respuesta llegó cuarenta y ocho horas después.
El director de recursos humanos quería hablar conmigo.
En la videollamada participaron dos ejecutivos y un abogado corporativo.
—Señora Hayes —dijo el director—, necesitamos confirmar si usted autorizó que la señorita Sophie Miller fuera registrada como dependiente de su esposo durante la asignación en Alemania.
Me quedé inmóvil.
—No.
Los tres hombres intercambiaron miradas.
—¿Conoce la naturaleza de su relación?
—Tengo motivos para creer que mantienen una relación sentimental.
El abogado corporativo intervino.
—Le agradeceríamos que nos enviara cualquier documento relevante.
Consulté a Rachel con la mirada. Ella asintió.
Compartimos las reservaciones, los correos y las capturas de pantalla.
La empresa descubrió algo peor.
Daniel había declarado que Sophie era su prometida y que su matrimonio conmigo estaba “legalmente disuelto, pendiente de registro”.
Gracias a esa mentira, consiguió que la compañía pagara el boleto de ella, una parte del alojamiento y un seguro médico internacional.
Su asignación en Alemania fue suspendida esa misma semana.
Cuando Daniel recibió la noticia, encontró otra manera de contactarme.
Usó el teléfono de Sophie.
“¿Estás intentando arruinarme?”
Respondí por primera vez.
“Estoy corrigiendo la información falsa que tú proporcionaste.”
La respuesta llegó de inmediato.
“Podríamos haber solucionado esto en privado.”
“Lo intentaste en privado durante meses.”
“Fue un error.”
“Un error es olvidar un aniversario. Comprar dos boletos, reservar una cama matrimonial y declarar muerta una relación legal es un plan.”
Tardó varios minutos en contestar.
“Yo todavía te amo.”
Miré aquellas palabras y sentí algo parecido al cansancio.
No tristeza.
No rabia.
Solo cansancio.
“¿Me amabas mientras planeabas vivir con ella usando mi dinero?”