Porque las hijas somos expertas en esperar a quienes no nos merecen.
Cuando cumplí dieciocho años recibí una llamada.
Era él.
Mi padre.
Después de casi una década.
—Hola, hija.
Sentí que el corazón me explotaba.
Laura estaba cocinando.
Me miró desde la cocina.
Yo salí al patio para hablar.
—¿Dónde estuviste todos estos años?
—Las cosas fueron complicadas.
—No tanto como para olvidar que existía.
Hubo silencio.
Después dijo:
—Quiero verte.
Acepté.
Porque todavía quedaba una niña dentro de mí que necesitaba respuestas.
Nos encontramos en un café.
Llegó tarde.
No me abrazó.
No me preguntó nada importante.
Solo habló de él.
De sus problemas.
De sus negocios.
De sus viajes.
Cuando terminó, me pidió dinero.
Dinero.
Después de abandonarme.
Yo me quedé mirándolo sin creerlo.
Y empecé a reír.
—¿Qué pasa?
—Nada.
—¿Por qué te reís?
—Porque vine pensando que iba a encontrar un padre.
Y encontré un cliente.
Me levanté y me fui.
Esa noche llegué a casa.
Laura estaba sentada viendo televisión.
—¿Cómo te fue?
Me encogí de hombros.
—Bien.
—¿Bien de verdad?
Me senté junto a ella.
Y por primera vez en mi vida apoyé la cabeza sobre su hombro.
Ella se quedó inmóvil.
Como si tuviera miedo de romper el momento.
—Gracias.
—¿Por qué?
—Por quedarte cuando él se fue.
Escuché que su respiración temblaba.
—Nunca pensé en irme.
—Yo sí pensé que me odiabas.
Ella soltó una risa entre lágrimas.
—Claro que no.
—Yo fui bastante insoportable.
—Bastante es una palabra muy generosa.
Nos reímos las dos.
Y entonces me animé a decir algo que había guardado durante años.
—Vos sos mi verdadera mamá.
Laura rompió a llorar.
Y yo también.
Porque entendí algo muy tarde.
La sangre puede darte una familia.
Pero el amor es lo que la construye.
Mi padre me dio la vida.
Pero ella me enseñó a vivirla.
Meses después me casé.
Cuando llegó el momento de caminar hacia el altar, todos preguntaban quién me entregaría.
Yo sonreí.
Tomé la mano de Laura.
Y juntas avanzamos.
Porque la persona que me había criado, cuidado y amado toda la vida era ella.
Nadie más.
¿Vos también creés que una madre es quien te da la vida… o quien se queda para acompañarte cuando más la necesitás?
Me dijeron que ya nadie lee lo que escribo, pero yo sigo escribiendo por si del otro lado seguís estando vos.