PARTE 2
A las 8:40 de la noche siguiente, Alejandro entró al vestíbulo del Hotel Reforma apoyado en el brazo de Marisol.
El lugar olía a flores caras, café recién molido y perfume francés. Para cualquier huésped era una noche elegante. Para Alejandro era el escenario donde descubriría si su matrimonio entero había sido una mentira.
Marisol lo condujo hasta un salón privado separado por una pared decorativa. Desde ahí podían escuchar la conversación de Verónica y Esteban sin ser vistos.
—Aquí está el certificado —dijo Esteban—. Declara que Alejandro ya no puede tomar decisiones legales debido a su deterioro neurológico.
—¿El doctor no sospecha? —preguntó Verónica.
—Le pagamos $800,000 pesos. No va a abrir la boca.
Alejandro sintió una punzada en el pecho.
El médico que había firmado aquel diagnóstico era el doctor Julián Cárdenas, su especialista de confianza y padrino de su hijo fallecido.
La traición no involucraba sólo a su esposa y a su socio. Había llegado hasta el hombre encargado de proteger su salud.
—Cuando el consejo apruebe tu nombramiento —continuó Esteban—, transferiremos $240,000,000 de pesos a las cuentas de Panamá. Después venderemos los terrenos de Querétaro.
Verónica guardó silencio unos segundos.
—¿Y qué haremos con Alejandro?
—Lo internaremos en una clínica privada. Diremos que comenzó a ponerse agresivo. Nadie cuestiona a una esposa sacrificada que lleva casi 1 año cuidando a un ciego.
Alejandro tuvo que contenerse para no entrar de inmediato.
Marisol le tocó el brazo.
—Todavía no, señor. Necesitamos que digan lo del medicamento.
Como si hubiera escuchado aquella súplica, Verónica bajó la voz.
—La última dosis lo dejó muy débil. Hoy casi no pudo levantarse.
—Entonces reduce un poco el compuesto —respondió Esteban—. No queremos matarlo. Sólo necesitamos que siga incapacitado hasta que terminemos.
—Estoy harta de medir gotas todos los días.
—Pues aguanta. Fuiste tú quien comenzó a dárselas antes del accidente.
Alejandro dejó de respirar por un instante.
Antes del accidente.
Hasta ese momento había creído que Verónica aprovechó su condición después del choque. Pero Esteban acababa de revelar algo mucho peor.
Su esposa lo había estado intoxicando desde semanas antes.
El accidente también podía haber sido provocado.
Alejandro sacó el teléfono que llevaba grabando dentro del saco y llamó al comandante Salgado, un viejo conocido de la familia que ya esperaba afuera con agentes de la Fiscalía de la Ciudad de México.
—Entren —dijo—. Ya escuché suficiente.
Los agentes irrumpieron en el salón.
Verónica se levantó tan rápido que derribó una copa. Esteban intentó guardar los documentos dentro de un portafolio, pero Marisol apareció frente a la puerta.
—¿Alejandro? —balbuceó Verónica—. Amor, esto no es lo que parece.
Él permaneció inmóvil.
—Entonces explícame qué parte entendí mal. ¿La droga, el dinero, el certificado falso o la clínica donde pensabas encerrarme?
Verónica comenzó a llorar.
Esteban trató de escapar por una salida lateral, pero 2 agentes lo detuvieron. Dentro de su portafolio encontraron el certificado médico, contratos de venta, estados de cuentas extranjeras y una póliza de seguro por $90,000,000 de pesos a nombre de Verónica.