—Mirá… no vine a arruinarte la vida —dije—. Solo quería que vieras la fiebre. Si esto es demasiado, me voy.
—NO.
Lo dijo tan rápido que hasta los bebés lo miraron.
Después suspiró y observó a los trillizos con una mezcla de ternura y pánico financiero.
—No te vayas.
Tres semanas después las pruebas confirmaron lo obvio.
Tomás era el padre de los tres.
—Ese 0,1% de duda me parece ofensivo —dijo mirando el resultado.
Y desde ahí empezó el caos más hermoso del mundo.
Tomás era un gran padre.
Pero inútil.
La primera vez que cambió un pañal pidió tutorial, linterna y apoyo psicológico.
La primera vez que preparó mamaderas hizo suficiente fórmula como para abastecer un jardín maternal entero.
Y la primera vez que intentó dormir a los trillizos… terminó él dormido en el piso mientras los bebés seguían despiertos organizando actividades recreativas.
Pero lo intentaba.
Y entre noches sin dormir, fiebre, juguetes tirados y tres bebés sincronizados para llorar exactamente al mismo tiempo… nos enamoramos.
O quizás nunca dejamos de hacerlo.
Seis meses después estábamos cenando cuando Tomás se puso nervioso.
—Eso nunca trae buenas noticias —dije.
Y de repente se arrodilló.
Ahí mismo.
Entre juguetes, puré de zapallo y un bebé intentando comerse el anillo.
—Camila… ¿te casarías conmigo? ¿Me dejarías ser oficialmente el esposo que debí ser y el padre que estos tres pequeños terroristas ya decidieron que soy?
Olivia aplaudió.
Emma me tiró puré en la cara.
Benja eructó fuerte.
Los tres parecían estar de acuerdo.
—Creo que eso cuenta como un sí institucional —dije llorando de risa—. Y sí… también es un sí mío.
En la boda, las enfermeras estaban en primera fila.
—¡LO SABÍAMOS! —gritaron—. ¡ESOS OJOS ERAN TUYOS!
Y mientras bailábamos con los trillizos destruyendo elegantemente nuestro momento romántico, Tomás me susurró:
—Técnicamente nos conocimos porque estabas por cometer el peor error de tu vida.
—No —le dije—. Cometí otro error.
—¿Conmigo?
—Exacto.
Y sinceramente… salió bastante bien.
¿Ustedes creen que el destino existe… o que estos tres bebés simplemente vinieron a arruinarle la tranquilidad al pediatra?