Conseguir turno con el pediatra ya era una misión imposible. Conseguirlo teniendo tres bebés con fiebre era directamente un reality de supervivencia.
Entré al consultorio cargando a Benja, mientras Olivia y Emma iban en el cochecito doble haciendo una competencia ilegal de quién pateaba más fuerte.
Parecía una mamá luchando por sobrevivir en el apocalipsis… pero con baberos.
Mis trillizos eran hermosos: rubios, cachetones, ojos grises enormes y cara de angelitos inocentes… aunque en casa actuaban como una banda organizada.
El doctor levantó la vista de la computadora.
Y quedó duro.
—¿Camila? —susurró, blanco como una servilleta.
—¿Tomás? —casi se me cae Benja encima del alcohol en gel.
Nos miramos.
Él me miró.
Miró a los bebés.
Volvió a mirarme.
Y ahí fue cuando vi cómo abandonaba espiritualmente este plano terrenal.
Porque los tres bebés eran literalmente mini clones suyos.
Mismos ojos grises.
Misma nariz.
Misma expresión de “yo no fui”.
Solo que uno estaba lleno de galletita triturada y otra intentaba comerse una receta médica.
—¿Cuántos meses tienen? —preguntó con voz temblorosa.
—Ocho.
Hizo cálculos mentales.
Lo vi reiniciar el sistema operativo.
—¿La despedida de soltera? —preguntó bajito.
—La despedida de soltera.
Silencio.
Hasta el estetoscopio parecía incómodo.
—¿Te casaste entonces? —preguntó mientras revisaba a Benja con cara de hombre derrotado por el destino.
—No exactamente…
Suspiré.
—Cuando te dije que al día siguiente me casaba… no mentía.
—Pensé que era una excusa para sacarme de encima.
—Bueno… un poquito sí. Pero después descubrí el embarazo y traté de encontrarte. El problema es que estaba tan brracha que apenas recordaba tu nombre… y te había agendado como “Pediatra S3xy Karaoke”.
Tomás se tapó la cara.
—Eso explica MUCHAS cosas.
—Mi ex prometido tampoco ayudó. Resultó ser tóxico, mentiroso… y usaba bermudas de jean con ojotas.
Tomás hizo una mueca de horror.
—Eso ya era causal de separación inmediata.
En ese momento entró una enfermera.
—Doctor Ramírez, necesito que firme est… —miró a los bebés y abrió los ojos—. AY DIOS. SON IGUALES A USTED.
Tomás casi se atraganta con su propia dignidad.
—¡No ayudes, Patricia!
Otra enfermera apareció detrás.
—¡Son la fotocopia! Ese ADN Ramírez trabaja más rápido que laboratorio privado.
Las dos se fueron riéndose como si estuvieran viendo una novela turca premium.
Olivia le robó el estetoscopio.
Emma le baboseó la lapicera.
Benja le vomitó el hombro.
El universo claramente estaba mandando señales.