Después, una amiga del archivo del hospital le entregó una copia del contrato de expansión.
En la última página aparecía una autorización atribuida a Valeria como beneficiaria de Horizonte.
La firma se parecía a la suya, pero no era auténtica.
Darío no solo quería abandonarla.
Pretendía cerrar el acuerdo antes de que ella descubriera que podía detenerlo.
Renata apareció en casa de Valeria 2 días después.
Llegó usando lentes oscuros y un abrigo costoso.
—No vine a discutir por Darío —dijo.
—Entonces puede marcharse.
—Sé que controlas Horizonte.
Valeria sintió una descarga fría en la espalda, pero mantuvo el rostro tranquilo.
—No sé de qué hablas.
—Darío es inteligente, pero se cree más listo de lo que es. Yo investigué a tu padre antes que él.
Renata se sentó sin ser invitada.
—Firma la autorización y déjame participar en el proyecto. Yo convenceré a Darío de darte un divorcio tranquilo.
—¿Y si me niego?
—Le entregaré todo lo que descubrí. Entre los 2 podemos presentar a la junta una versión muy desagradable de ti: deudas, inestabilidad emocional, abandono de trabajo y medicamentos desaparecidos de terapia intensiva.
—Yo nunca robé medicamentos.
—La verdad importa menos cuando alguien prepara las pruebas primero.
Valeria observó el teléfono colocado boca abajo sobre la mesa. La grabación llevaba activa desde que Renata entró.
—No —respondió.
—Piénsalo bien.
—Ya lo hice.
Renata sonrió.
—Entonces será una guerra.
Aquella noche Darío presentó la demanda de divorcio.
También solicitó la custodia exclusiva de Camila, de 7 años.
En los documentos describía a Valeria como una mujer inestable, endeudada y obsesionada con el hospital. Afirmaba que había sufrido una crisis pública antes de ser despedida y que representaba un riesgo para la niña.
Valeria leyó cada página sentada en la cocina.
Cuando llegó al apartado donde Darío pedía impedirle ver a Camila sin supervisión, sus manos comenzaron a temblar.
Llamó a Samuel.
—Está usando a mi hija.
—Lo sé.
—Puede quedarse con la casa, los automóviles y todo el dinero. Pero no permitiré que se lleve a Camila.
—No se la llevará. Darío acaba de cometer el error que necesitábamos.
Samuel explicó que el abogado familiar ya había documentado la creación fraudulenta de la tarjeta, los mensajes entre Darío y Renata y las amenazas relacionadas con la custodia.
La audiencia inicial se programó para después de la gala anual de la Fundación San Gabriel.
—Darío anunciará el proyecto de expansión esa noche —dijo Samuel—. La junta completa estará presente.
—También Renata y Eugenia.
—Perfecto.
La gala se celebró en un hotel de lujo de Monterrey. Había lámparas doradas, mesas cubiertas de flores blancas y empresarios de todo Nuevo León.
Darío subió al escenario con Renata del brazo. Eugenia estaba sentada en la primera mesa.
—Esta noche comienza una nueva era para el Hospital San Gabriel —declaró Darío—. La expansión nos convertirá en el centro médico privado más importante del norte de México.
Los invitados aplaudieron.
Nadie vio entrar a Valeria.
Llevaba un vestido negro sencillo y una carpeta de piel.
Después del discurso, el presidente de la junta tomó el micrófono.
—Antes de firmar el acuerdo, debemos cumplir con la lectura anual del fideicomiso propietario.
Darío conversaba con Renata, sin prestar atención.
—Grupo Médico Horizonte confirma como beneficiaria sucesora y titular del control mayoritario a la señora Valeria Navarro.
El salón quedó en silencio.
Darío dejó de sonreír.
Valeria caminó hacia el escenario.
—Eso es imposible —murmuró Eugenia.
Valeria tomó el micrófono.
—Hace unas semanas, muchos empleados vieron a mi esposo arrancarme la credencial y decir que yo no pertenecía a su hospital.
Miró directamente a Darío.
—Nunca fue suyo.
Un murmullo recorrió el salón.
—Mi padre fundó Grupo Médico Horizonte y construyó San Gabriel. Por voluntad expresa de su fideicomiso, ahora controlo la mayoría del hospital.
Darío subió al escenario.
—Valeria, podemos hablar de esto en privado.
—Llevamos años hablando en privado. Esta noche hablaremos donde todos puedan escuchar.
—El proyecto ya fue autorizado.
—No por mí.
—Tenemos tu firma.
Samuel Ortega se acercó al micrófono con 2 peritos y varios documentos.
—Precisamente por eso hay investigadores presentes. La firma utilizada para autorizar el contrato es falsa.