PARTE 2: LA FORTUNA ESCONDIDA BAJO EL PISO
A la mañana siguiente, el ruido de maquinaria pesada sacudió los muros.
Beatriz salió corriendo.
Una excavadora avanzaba por el camino. Detrás venía un camión con trabajadores y una retroexcavadora.
Patricio señalaba directamente hacia la casa.
—¡Detengan esa máquina!
El conductor frenó a pocos metros de ella.
—¿Qué estás haciendo? —gritó Beatriz.
Patricio levantó unos planos.
—Preparando el terreno. La constructora adelantó el calendario.
—Dijiste que comenzarían la próxima semana.
—Cambió el plan.
—No tienes derecho a entrar.
—Esta estructura será declarada peligrosa esta tarde. Un juez amigo de mi madre ya prepara la orden. Mañana el municipio la derribará con o sin tu permiso.
Beatriz comprendió que Patricio tenía prisa porque temía que ella encontrara algo.
No sabía qué, pero lo presentía.
—Retira las máquinas.
—Te quedan menos de 24 horas para hacer las maletas.
Cuando se marcharon, Beatriz cerró la casa, escondió la compuerta y viajó a la Ciudad de México con los documentos del fideicomiso.
El licenciado Tomás Reynoso trabajaba en un despacho financiero de Paseo de la Reforma.
La recepcionista observó con desconfianza sus pantalones manchados y su mochila desgastada. Su actitud cambió cuando Beatriz mostró la tarjeta que encontró en la bóveda.
Minutos después fue conducida a una oficina panorámica.
Tomás Reynoso, un hombre de cabello plateado, se levantó al verla.
—La esperaba desde hace 3 años.
Beatriz colocó la carta sobre el escritorio.
—Mi primo piensa demoler la casa mañana.
—Don Arturo sabía que actuarían rápido.
El abogado abrió un portafolio.
—Su abuelo comprendió que Lucila y Patricio solo deseaban el prestigio de la hacienda. Por eso hipotecó la propiedad, las acciones y las obras de arte por 600,000,000 de pesos.
Beatriz sintió un mareo.
—¿Endeudó todo?
—Utilizó el dinero para crear el fideicomiso y comprar activos que ya están legalmente a su nombre. Después dejó de pagar las mensualidades antes de morir.
—Entonces, ¿qué heredaron ellos?
Tomás sonrió sin alegría.
—Las deudas.
El plazo del crédito había vencido el día anterior. El banco iniciaba el embargo de la hacienda y de las acciones empresariales.
—La casa del cuidador fue separada legalmente de la propiedad hace 30 años —explicó—. No tiene deudas y posee el único acceso autorizado a la bóveda. Usted es beneficiaria de bienes cuyo valor actual supera los 1,200,000,000 de pesos.
Beatriz se dejó caer en la silla.
Recordó las risas, la moneda de 1 peso y a Patricio diciéndole que era una perdedora.