Las vitaminas y minerales participan en funciones esenciales: producción de energía, defensa inmunológica, salud de la sangre, fuerza muscular, visión, cicatrización, metabolismo y equilibrio del sistema nervioso. Cuando alguno de estos nutrientes baja demasiado, el cuerpo no siempre avisa de forma inmediata o evidente; muchas veces envía señales pequeñas que se confunden con cansancio, estrés o “falta de descanso”.
La vitamina B12 es clave para los glóbulos rojos y el sistema nervioso. Su deficiencia puede relacionarse con fatiga, debilidad, hormigueos en manos o pies, dificultad para concentrarse y cambios en la memoria. Es más común en personas con dietas muy restrictivas, adultos mayores o quienes tienen problemas de absorción intestinal.
La vitamina D ayuda a mantener huesos fuertes, participa en la función muscular y apoya al sistema inmune. Cuando está baja, pueden aparecer dolor óseo, molestias musculares, cansancio persistente o mayor vulnerabilidad a infecciones. No se trata solo de “tomar sol”; también influyen la alimentación, la piel, el estilo de vida y la absorción.
La vitamina C es fundamental para formar colágeno, mantener encías sanas, favorecer la cicatrización y apoyar las defensas. Encías que sangran con facilidad, moretones frecuentes o heridas que tardan más en cerrar pueden ser señales para prestar atención
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