Laura llegó con un sobre.
Parecía nerviosa.
—Daniel sabía que Adrian y Vanessa tenían una relación.
No sentí sorpresa.
—¿Desde cuándo?
—Al menos seis meses antes de su muerte.
Eso significaba que Adrian me había mentido incluso después de confesar la paternidad.
—Daniel quería divorciarse.
—¿Por qué no lo hizo?
—Porque descubrió algo peor.
Laura empujó el sobre hacia mí.
Dentro había copias de correos y documentos contables.
—Vanessa y Adrian estaban retirando dinero de cuentas vinculadas a la familia. Al principio eran cantidades pequeñas. Después crearon VR Holdings.
—¿Daniel lo sabía?
—Sí.
—¿Por qué no denunció?
Laura tragó saliva.
—Porque Vanessa le dijo que estaba embarazada.
Me quedé inmóvil.
—¿Hace un año?
—No era este embarazo.
La historia se volvió todavía más oscura.
Según Laura, Vanessa había quedado embarazada anteriormente y aseguró a Daniel que el bebé era suyo.
Daniel creyó que salvar su matrimonio era posible.
Después descubrió mensajes entre Vanessa y Adrian.
Exigió una prueba de paternidad.
Pocos días más tarde, Vanessa sufrió un aborto espontáneo.
Nunca hubo prueba.
—La noche antes del accidente —continuó Laura—, Daniel me llamó. Estaba furioso. Dijo que había descubierto que Adrian había falsificado su firma para mover dinero.
—¿Y mi abuelo?
—Daniel quería advertirle. Sabía que los Hayes estaban desesperados por mantener el compromiso entre usted y Adrian porque esperaban que Carter Group resolviera sus problemas financieros.
Sentí náuseas.
—¿Por qué aparece ahora?
Laura bajó la mirada.
—Tuve miedo.
—Durante un año.
—Sí.
No la juzgué.
No sabía qué había vivido.
—¿Por qué hoy?
—Porque ayer vi el video de su boda.
Claro.
Ya circulaba por todas partes.
Adrian defendiendo a Vanessa.
Vanessa hablando de quedarse con “todo”.
Yo cancelando el matrimonio.
Millones de personas debían de haber visto fragmentos.
Laura me miró directamente.
—Y comprendí que iban a hacerle a usted lo mismo que intentaron hacerle a Daniel.
La policía recibió los documentos.
Yo volví a trabajar.
Durante los días siguientes, Hayes Corporation comenzó a derrumbarse.
No porque yo tuviera que destruirla.
Sencillamente retiré el dinero que nunca debí haberles dado.
Los bancos hicieron el resto.
Los proveedores exigieron pagos.
Los inversores preguntaron por las garantías falsificadas.
Dos miembros del consejo renunciaron.
Tres socios suspendieron contratos.
Richard Hayes apareció en televisión diciendo que todo era una “disputa familiar magnificada por las redes sociales”.
Horas después, sus acciones privadas fueron congeladas dentro de una investigación financiera.
Martha Hayes intentó llamarme diecisiete veces.
No contesté.
Adrian me envió mensajes.
Primero fueron arrogantes.
“Estás exagerando.”
Después defensivos.
“Vanessa me manipuló.”
Luego suplicantes.
“Podemos solucionarlo.”
Finalmente:
“Yo sí tenía sentimientos por ti.”
Ese último mensaje me hizo reír.
Lo bloqueé.
Una semana después, Vanessa apareció en la recepción de Carter Group.
Estaba embarazada de ocho meses, vestida con ropa de diseñador y gafas oscuras.
Exigía verme.
Sofía quería echarla.
—Déjala subir —dije.
Vanessa entró en mi oficina sin saludar.
—Quiero hacer un trato.
—No hago negocios con personas sin capital.
Su mandíbula se tensó.
—Tengo información.
—Entonces habla con la policía.
—Información sobre Adrian.
—Eso reduce todavía más mi interés.
Se sentó sin permiso.
—Adrian va a culparme de todo.
—Probablemente.
—Él organizó las transferencias.
—Eso ya lo sabemos.
—Él falsificó tu firma.
—También.
Vanessa me miró fijamente.
—Y sabía que los frenos de Daniel tenían problemas.
Por primera vez dejé de revisar los documentos frente a mí.
—Ten cuidado con lo que estás diciendo.
—No dije que los manipulara.
—Pero quieres que yo lo piense.
—Estoy diciendo que Daniel le comentó que el coche estaba fallando. Adrian sabía que necesitaba una revisión.
—Eso no demuestra nada.
Vanessa apretó los labios.
—¿Quieres saber por qué VR Holdings se creó antes de la muerte de Daniel?
—Sí.
—Porque Adrian y yo planeábamos irnos.
Aquello tenía sentido.
—Daniel lo descubrió.
—Sí.
—¿Y entonces?
—Nos enfrentó.
Sus ojos comenzaron a humedecerse.
—Dijo que nos quitaría todo.
—¿Y?
—Adrian perdió el control.
No dije nada.
—Se pelearon.
—¿Físicamente?
—No esa noche.
—¿Qué significa eso?
Vanessa miró hacia la ventana.
—Habían peleado antes.
—¿Adrian amenazó a Daniel?
Silencio.
—Vanessa.
—Dijo que a veces deseaba que Daniel desapareciera.
Me recosté.
—¿Por qué me cuentas esto?
Finalmente llegó la verdad.
—Porque Adrian quiere quitarme al bebé.
Ahí estaba.
No remordimiento.
No justicia.
Supervivencia.
—¿El bebé es suyo?
Ella bajó la mirada.
—Sí.
—¿Desde cuándo tienen una relación?
—Dos años.
—Mientras Daniel vivía.
Asintió.
No sentí ira.
Solo repulsión.
—¿Por qué apareciste en mi boda?
Vanessa soltó una risa amarga.
—Porque Adrian me lo pidió.
Eso sí me sorprendió.
—¿Qué?
—Dijo que tenía que obligarte a aceptar nuestra presencia antes de casarse.
—¿Por qué hacerlo delante de todos?
—Porque estaba seguro de que no te atreverías a cancelar.
Tuve que contener la risa.