A quienes reconozcan sus errores, dales la oportunidad de demostrar que todavía pueden cambiar”.
Mariana miró a Ricardo.
Su padre tenía los ojos húmedos.
Antes de que pudiera hablar, la puerta de la notaría se abrió.
Entró Elena Vargas, directora financiera de Grupo Robles, acompañada por 2 auditores.
—Disculpen la interrupción —dijo—. Existe un asunto urgente.
Colocó varios documentos sobre la mesa.
—Durante la revisión ordenada por don Joaquín descubrimos transferencias irregulares por 86 millones de pesos.
Rodrigo dejó de gritar.
Beatriz levantó la cabeza.
Elena continuó:
—El dinero salió de proyectos de vivienda social y terminó en empresas relacionadas con Rodrigo Robles.
—Eso es falso —dijo él.
Uno de los auditores mostró copias de contratos, mensajes y movimientos bancarios.
—También encontramos correos donde la señora Beatriz autorizaba facturas por obras que nunca se realizaron.
Beatriz comenzó a temblar.
Mariana miró a su padre.
—¿Tú lo sabías?
Ricardo tardó demasiado en contestar.
—Sabía que había gastos extraños, pero no conocía la cantidad.
—¿Por qué no dijiste nada?
—Porque Rodrigo aseguró que devolvería el dinero. Yo quería evitar un escándalo.
—Protegiste el apellido antes que a las familias que necesitaban esas viviendas.
Ricardo cerró los ojos.
—Sí.
Elena entregó una última carpeta.
—Don Joaquín presentó una denuncia antes de morir. La Fiscalía ya fue informada.
Rodrigo intentó salir, pero los guardias cerraron la puerta.
Pocos minutos después llegaron agentes. Se llevaron a Rodrigo bajo investigación por fraude, desvío de recursos y falsificación de documentos.
Beatriz tuvo que entregar su teléfono y quedó citada para declarar.
Cuando todo terminó, el salón parecía otro lugar.
Las burlas habían desaparecido.
Ricardo se acercó a Mariana.
—No merezco pedirte perdón.
—No.
La respuesta lo golpeó.
—Pero voy a pedirlo de todos modos —continuó él—. Te abandoné porque no elegiste la vida que yo quería para ti. Permití que te humillaran. Y cuando descubrí irregularidades, guardé silencio para proteger mi posición.
Mariana sostuvo la carta de Joaquín.
—Perdonarte no significa fingir que nada ocurrió.
—Lo sé.
—Tampoco significa que puedas volver a dirigir la empresa.
Ricardo asintió.
—Aceptaré cualquier consecuencia.
Mariana respiró profundamente.
—Entonces empieza diciendo toda la verdad a los auditores.
Ricardo regresó a la mesa y entregó su computadora, sus claves y todos los documentos que conservaba.
Fue la primera decisión honesta que tomó en muchos años.
Las semanas siguientes fueron difíciles.
Rodrigo fue vinculado a proceso. Las pruebas demostraron que había utilizado empresas fantasma para desviar dinero destinado a viviendas en Chiapas, Oaxaca y Puebla.
Beatriz evitó la prisión al cooperar con las autoridades y devolver varias propiedades. Sin embargo, perdió toda participación en el patrimonio y tuvo que enfrentar públicamente las consecuencias de sus actos.