Sin embargo, el médico afirmó que los beneficios podrían ir más allá de la relajación temporal. De acuerdo con investigaciones recientes, la práctica habitual de la oración podría contribuir a cambios duraderos en algunas áreas del cerebro.
Para respaldar esta afirmación, citó estudios realizados con imágenes de resonancia magnética que han permitido observar diferencias en la estructura cerebral de personas que mantienen una vida espiritual activa.
Entre ellos destacó una investigación dirigida por Lisa Miller, profesora de la Universidad de Columbia, quien estudió a más de cien personas con alto riesgo de depresión. Los resultados mostraron que quienes acostumbraban orar presentaban una corteza cerebral más gruesa en determinadas áreas, una característica asociada con una menor probabilidad de sufrir depresión y ansiedad.
Colbert también recomendó dedicar momentos específicos del día a la oración, especialmente al comenzar la mañana y antes de dormir. No obstante, aclaró que cualquier instante puede ser oportuno para hablar con Dios, ya sea durante el trabajo, mientras se realizan actividades cotidianas o antes de las comidas.
Finalmente, animó a las personas a desarrollar una vida de oración constante, recordando que unos segundos de agradecimiento y comunión con Dios pueden traer beneficios para el cuerpo, la mente y el espíritu.