PARTE 3: LA FIRMA QUE CAMBIÓ LA HISTORIA
Ricardo reconoció que había firmado el documento.
En 2002, Gustavo le aseguró que era una autorización temporal para mantener la empresa operando mientras Daniel estaba desaparecido.
—No lo leí completo —admitió—. Estaba desesperado por evitar la quiebra.
Daniel lo observó con tristeza.
—Siempre te dije que Gustavo no era confiable.
—Y yo pensé que estabas exagerando.
—Tu firma le entregó mis regalías.
—Sí.
Ricardo no buscó excusas.
—Te fallé. Después acepté demasiado rápido la historia de tu muerte porque era más sencillo continuar que cuestionar lo que habíamos construido.
Lucía esperaba que su padre gritara.
Daniel solo se sentó.
—Durante años odié a Ricardo —dijo—. Luego entendí que Gustavo no necesitaba convertirlo en cómplice. Solo necesitaba mantenerlo ocupado y orgulloso.
La policía encontró en el teléfono de Gustavo archivos, amenazas y transferencias suficientes para demostrar el fraude.
También descubrió que el empresario planeaba retirarse del consejo y vender la patente a un consorcio extranjero. Una vez completada la operación, sería casi imposible recuperar los derechos.
Gustavo fue acusado de fraude, extorsión, amenazas y soborno.
La investigación tardó meses.
Daniel regresó a Guadalajara, pero no a la empresa
La primera noche cenó con Teresa y Lucía en la cocina del pequeño departamento.
Nadie sabía cómo actuar.
Teresa colocó arroz, pollo con mole y tortillas sobre la mesa. Después se sentó frente al hombre al que había amado y temido volver a ver.
—Perdóname por decirle que habías muerto.
—Me protegiste de la única manera que conocías.
—También te dejé solo.
Daniel negó con la cabeza.
—Gustavo nos dejó solos. No cargues con su culpa.
La reconciliación no ocurrió en una sola cena.
Hubo preguntas repetidas, silencios incómodos y momentos en los que Lucía se marchó enfadada porque escuchar las razones de su padre no devolvía los años perdidos.
Daniel nunca exigió perdón.
Aparecía cada domingo y aceptaba lo que su familia estuviera preparada para ofrecerle.
A veces era una comida.
Otras veces, solo 20 minutos de conversación.
Ricardo convocó al consejo de Nexora y reveló públicamente toda la verdad. Algunos directivos le aconsejaron ocultar la participación de Daniel para proteger el valor de la empresa.
—Durante 20 años protegimos el precio de las acciones —respondió—. Ahora protegeremos la verdad.
Daniel fue reconocido oficialmente como cofundador y creador de la tecnología original. El 40 % de los derechos de la patente regresó a su nombre.
Las regalías acumuladas cambiaron para siempre la situación económica de la familia Ortega.