—Trasladen primero a los pacientes dependientes de oxígeno. Nadie utiliza los elevadores. Mantengan libres las salidas.
Era Valeria.
Vestía el uniforme oscuro de jefa de turno. Su cabello estaba recogido y su rostro permanecía sereno, aunque alrededor todo era caos.
Se miraron.
Por un segundo, ninguno habló.
Después una enfermera gritó que la batería de una incubadora estaba fallando.
Valeria corrió.
Diego también.
Conectaron un sistema portátil mientras el equipo trasladaba al bebé. Ella sostenía los cables con manos firmes, pero él notó el miedo en sus ojos.
—Necesito llegar al tablero —dijo Diego.
—El corredor de mantenimiento está inundándose.
—Entonces cerraré la corriente antes de entrar.
—Es peligroso.
—También lo es dejar este piso sin energía.
Diego y sus trabajadores avanzaron entre el agua, localizaron un cable quemado y construyeron una derivación temporal. Durante 35 minutos trabajaron mientras el hospital funcionaba sobre baterías.
Cuando las luces regresaron, los pasillos se llenaron de aplausos y suspiros.
Diego salió del cuarto eléctrico con el rostro sucio y una quemadura leve en la mano.
Valeria corrió hacia él.
—¿Estás herido?
—Estoy bien.
—Pudiste electrocutarte.
—Y tú llevas toda la noche cuidando a personas durante una emergencia. Parece que los 2 tenemos trabajos difíciles.
Ella bajó la mirada.
—Gracias por venir.
—No vine por ti. El hospital llamó.
La respuesta la golpeó.
Diego respiró.
—Pero ahora que estoy aquí, no pienso marcharme sin hablar.
Valeria observó a los médicos y enfermeros que todavía corrían por el pasillo.
—No puedo abandonar el turno.
—Te esperaré.
—Faltan 4 horas.
—Esperé 45 minutos en nuestra primera cita. Puedo esperar 4 horas ahora.
Valeria sintió que la coraza construida durante aquellas 2 semanas comenzaba a quebrarse.
Pero aún no sabía que, al finalizar su turno, Diego la esperaría con una decisión capaz de cambiar toda su vida.
PARTE 3: “NO ME ENAMORÉ DE TI PORQUE FUERAS FÁCIL”
A las 7 de la mañana, Valeria salió por la puerta de empleados.
La lluvia había disminuido.
Diego estaba apoyado contra su camioneta con 2 cafés en la mano. Había enviado a su equipo a descansar, pero permaneció allí.
—De verdad esperaste.
—Te dije que lo haría.
Le entregó un vaso.
Valeria lo sostuvo sin beber.
—Diego, no quiero volver a lastimarte.
—Entonces deja de huir antes de saber si voy a quedarme.
Ella apretó los labios.
—Siempre llegaré tarde. Perderé cenas, cumpleaños y fines de semana. Algunas noches el hospital estará primero. No puedo darte una vida sencilla.
Diego se acercó.
—No me enamoré de ti porque fueras sencilla.
Valeria levantó los ojos.
—Me enamoré de ti la noche en que llegaste 45 minutos tarde, con el uniforme arrugado, después de salvarle la vida a un desconocido. No me enamoré de una versión perfecta que siempre tiene tiempo y nunca está cansada.