Marta gritó:
—¡Que Dios los ayude!
Yo casi me atraganto con una galletita.
Después Julieta apareció con una carpeta.
Una carpeta.
Con presupuesto.
Centro de mesa.
Candy bar.
Cabina de fotos.
Show musical.
Barra de tragos.
Humo para entrada triunfal.
Parecía presupuesto para los premios Oscar.
—Queríamos algo sencillo —dijo ella.
¿Sencillo?
Había más luces que en un recital.
Matías me miró serio.
—Y bueno… pensamos que quizás vos podrías ayudarnos un poco.
—¿Yo?
—Sí ma… aunque sea una parte.
Yo me quedé callada unos segundos.
Y ahí me cayó la ficha.
No habían venido por amor.
No era culpa.
No era arrepentimiento.
Era financiación.
Entonces le pregunté:
—¿Cuánto necesitan?
Cuando me dijo la cifra, sentí que se me aflojaba la dentadura sola.
Con esa plata yo podía vivir años tranquila.
Marta, que escuchaba todo desde la otra cama, casi se cae de espaldas.
—¡¿Van a contratar a Luis Miguel?!
Matías se puso rojo.
—Bueno ma… es un día especial.
Y ahí algo dentro mío hizo clic.
Toda la vida me sacrifiqué.
Toda la vida puse primero a los demás.
Toda la vida tuve miedo de decir que no.
Pero esa tarde no.
Lo miré fijo y le dije:
—Mirá hijo… la plata que tengo la estoy guardando.
Sonrió enseguida.
—Sabía que podía contar con vos.
—Sí. La estoy guardando para pagarme un geriátrico más caro.
Silencio total.
—¿Cómo?
—Uno donde no dejen entrar hijos interesados.
Marta empezó a aplaudir como si estuviera en un recital.
La enfermera tuvo que salir porque se estaba tentando de la risa.
Julieta me miró indignada.
—No hacía falta responder así.
—Y dejar a tu mamá en un geriátrico para quedarse con el departamento, ¿sí hacía falta?
Ahí se armó un silencio tremendo.
Matías se levantó ofendido.
—La verdad ma, cambiaste mucho.
—Sí. En este lugar aprendí algo importante.
—¿Qué?
—Que ser buena no significa ser tonta.
Se fueron furiosos.
Y desde entonces no volvieron más.
Aunque me enteré por una vecina que hicieron igual la boda… pero sin barra libre.
Pobrecitos.
Qué tragedia.
Ahora vivo tranquila.
Tengo amigas.
Juego al chinchón.
Y todos los viernes hacemos “noche de chisme” con facturas escondidas porque el médico nos retó por el azúcar.
¿Y saben qué?
Por primera vez en muchos años… no me siento usada.
¿Ustedes qué habrían hecho en mi lugar?