Cuando una pareja espera un bebé, una de las preguntas más comunes suele aparecer casi de inmediato:
“¿Será niño o será niña?”
A lo largo de los años han surgido innumerables creencias para intentar responder esa pregunta. Algunas personas hablan de la alimentación, otras de la fase de la luna, de ciertas fechas o incluso de posiciones específicas.
Sin embargo, la ciencia ha demostrado que la respuesta es mucho más sencilla y, al mismo tiempo, mucho más fascinante.
La decisión ocurre en un instante tan pequeño que nadie puede verlo a simple vista, pero sus efectos acompañarán al bebé durante toda su vida.
EL ÓVULO SIEMPRE APORTA LA MISMA PIEZA
Todo comienza durante la fecundación.
El óvulo de la mujer siempre aporta un cromosoma X.
Siempre.
No cambia.
No depende de la edad, de la alimentación ni de ningún otro factor cotidiano.
La diferencia aparece en el espermatozoide.
Cada espermatozoide puede transportar un cromosoma X o un cromosoma Y.
Y es precisamente esa pequeña diferencia la que define el sexo biológico del bebé.