Rebeca guardó silencio.
Don Ernesto la miró con miedo.
—Hace un mes descubrí retiros que no autoricé. Por eso pedí revisar las cuentas.
Rebeca aseguró que el dinero había sido utilizado en inversiones.
Sin embargo, Adrián contrató una auditoría.
El fideicomiso estaba casi vacío.
Más de 28,000,000 de pesos habían sido transferidos a una inmobiliaria propiedad del esposo de Rebeca, Mauricio Téllez. La empresa se encontraba al borde de la quiebra.
—Pensaba devolverlo —se defendió Rebeca—. Era dinero que papá escondió para una niña que ni siquiera conocíamos.
Adrián golpeó la mesa con la palma.
—Es mi hija.
—Una hija que Mariana te ocultó.
—Papá también la ocultó. Tú robaste lo que le pertenecía.
Rebeca afirmó que el fideicomiso no tenía validez porque Adrián nunca había reconocido legalmente a Ximena.
—Entonces haré una prueba de paternidad hoy mismo.
Mariana se negó al principio.
—Ximena no es una prueba dentro de una pelea familiar.
—Tienes razón —dijo Adrián—. Pero quiero protegerla legalmente, aunque después decidas que no puedo verla.
Mariana habló con su hija.
—Tu papá está en Guadalajara.
Ximena sostuvo uno de sus tomates deformes y permaneció pensativa.
—¿Él sabía de mí?
—No.
—¿Es buena persona?
—Está intentando serlo.
—Como este tomate.
—¿Por qué como el tomate?
—Porque tuvo una parte difícil y aun así siguió creciendo.
Ximena aceptó conocerlo en un parque.
Adrián llegó 20 minutos antes. Había estudiado datos sobre tortugas marinas durante 3 noches.
Cuando vio a la niña, su rostro se abrió de una manera que Mariana nunca había visto.
—Hola —dijo Ximena—. Soy Ximena.
—Yo soy Adrián.
—Mamá dice que eres mi papá.
—Sí.
—Eso todavía está en evaluación.
Adrián sonrió con los ojos llenos de lágrimas.
—Me parece justo.
Se sentaron junto al estanque. Ximena le preguntó qué sabía sobre tortugas laúd.
—Pueden sumergirse a más de 1,000 metros.
—Bien. Hiciste la tarea.
El encuentro duró 40 minutos.
Al despedirse, Ximena no lo abrazó.
Pero le preguntó si regresaría el sábado siguiente.
—Estaré aquí.
Esa noche, Rebeca llegó al departamento de Mariana.
—Debes sacar a tu hija de Guadalajara —dijo—. Mauricio está desesperado. Si Adrián presenta cargos por el fideicomiso, perderemos todo.
—Ese no es mi problema.
—Lo será cuando él utilice a Ximena para obligar a Adrián a retirar la denuncia.
Mariana tomó su teléfono.
Antes de llamar a la policía, recibió un mensaje de la niñera:
“Un hombre vino por Ximena. Dijo que usted lo había autorizado”.