PARTE 3: EL PADRE QUE POR FIN REGRESÓ
Mariana condujo hasta su departamento mientras llamaba a Adrián.
La niñera estaba llorando en el pasillo. Mauricio había mostrado una identificación falsa y un mensaje escrito desde el número de Rebeca.
Ximena había alcanzado a dejar una pista.
Sobre la mesa había dibujado una tortuga junto a 3 edificios y una antena.
Adrián reconoció el lugar.
Mauricio poseía un desarrollo abandonado cerca del Bosque de La Primavera. Había utilizado dinero del fideicomiso para comprarlo, pero la obra fue suspendida por irregularidades.
La policía se dirigió hacia allá.
Rebeca confesó que su esposo planeaba utilizar a la niña para negociar. Aseguró que no sabía que llegaría tan lejos.
—Le diste su dirección y la rutina de la niñera —respondió Adrián—. Sabías suficiente.
Mauricio retuvo a Ximena dentro de una oficina sin terminar.
—Tu tía dice que mi papá vendrá —comentó la niña.
—Va a venir.
—¿Y después qué?
—Tu padre retirará la denuncia.
—No lo hará.
Mauricio la miró.
—¿Cómo puedes saberlo?
—Porque está intentando ser una buena persona. Las buenas personas no dejan que los hombres malos conserven lo que robaron.
Cuando Adrián llegó, entró solo con una carpeta.
—Aquí están los documentos para retirar la denuncia.
—Déjalos en el suelo.
Ximena estaba sentada en una silla. No lloraba, pero apretaba los puños para controlar el miedo.
—¿Estás bien? —preguntó Adrián.
—Estoy haciendo respiraciones lentas.
Mauricio tomó la carpeta.
Estaba vacía.
Los agentes entraron por las escaleras laterales. Mauricio trató de escapar y cayó al intentar cruzar una zona incompleta de la construcción. Fue detenido sin que Ximena resultara herida.
Adrián corrió hacia ella.
—Te dije que volvería —murmuró.
—Tardaste 8 años y 43 minutos.
Adrián comenzó a llorar.
—Lo sé.
Ximena lo abrazó por primera vez.
Rebeca y Mauricio enfrentaron cargos por fraude, abuso de confianza y privación ilegal de la libertad. Parte del dinero del fideicomiso pudo recuperarse mediante la venta de sus propiedades.
Don Ernesto sobrevivió a la crisis cardiaca.
Cuando conoció a Ximena, no pidió que lo llamara abuelo.
—Primero debo merecerlo —dijo.
—Eso también está en evaluación —respondió ella.
Mariana estableció reglas claras.
Adrián podía visitar a Ximena, pero no decidir por ella. No habría regalos costosos para comprar afecto ni fotografías en revistas para limpiar la imagen de la familia.
Él aceptó todas las condiciones.
Durante meses llegó a tiempo a cada visita.
Aprendió a preparar tacos sin quemar las tortillas, asistió a festivales escolares y escuchó durante horas información sobre tortugas.